Directora ejecutiva de la Hotrec en Bruselas. Estudió Derecho, se especializó en política europea y dio el salto a Bruselas. Durante 16 años ha trabajado en varios bufetes de abogados, ONG y consultorías hasta que consiguió, a través de un cazatalentos, su actual puesto como directora ejecutiva de la Hotrec, la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Cafeterías y establecimientos similares de la Eurozona, que vela por los derechos del sector.
JUAN SUÁREZ | IBIZA
Su alma sigue estando en su Sant Carles natal pero su vida transcurre en Bruselas, donde vela por los intereses del sector de la hostelería y servicios de toda Europa. En esta entrevista, Anna Torres nos muestra desde dentro cómo se trabaja en las instituciones europeas, el papel que juegan las decisiones que se adoptan en el seno de la UE y cómo sus efectos alcanzan tras años al empresario final. También apunta algunas claves para salir de la crisis, los problemas del sector que se debaten en la actualidad y sus impresiones sobre cómo desarrollar en un futuro inmediato el turismo en las Pitiusas.
—¿Cómo llega una ibicenca a un puesto ejecutivo en la Hotrec como el que tiene usted?
—Un poco por casualidad, llegué a Bruselas en 1997 y trabajé en despachos de abogados y consultorías a cargo de las relaciones institucionales. En Bruselas, la burocracia europea hace que abunden los profesionales que se encargan del seguimiento de las distintas administraciones. Comencé en un despacho de abogados y progresivamente me fui integrando en el ámbito de las relaciones institucionales, ya que es algo más dinámico, estás más tiempo fuera, en contacto con la gente, con los diputados en el Parlamento o en la Comisión Europea con los oficiales que trabajan allí, y todo esto me agrada. Siempre me ha gustado lo internacional, viajar a otros lugares, conocer culturas y formas de vivir.
—¿Su meta era la capital europea desde el principio?
—Tenía la especialidad en Derecho Europeo, iba para unos meses y me quedé unos años y el tiempo fue pasando. Es un sitio fácil para instalarse, no está lejos de España, te acostumbras a su ritmo, no te das cuenta y te quedas. Le pasa a mucha gente que va a Bruselas.
—¿Y cómo llegó a su actual puesto como directora ejecutiva de la Hotrec?
—También de casualidad, había trabajado para varios industriales en consultorías, varias ONG y asociaciones comerciales. Me contactó un cazatalentos y me entrevistó. Me hizo mucha gracia el tema de la Hotrec al principio, porque no había trabajado nunca en el sector turístico pese a venir precisamente de Ibiza. Además, tengo media familia involucrada en turismo, ya que uno tiene un restaurante, otro un hotelito, etcétera, y yo huía de esta actividad, ya que quería estudiar fuera. No deseaba quedarme aquí, porque ya se sabe que si te quedas hay muchas probabilidades de no salir.
—Parece que vive un mundo de casualidades…
—Se trataba de una oportunidad única y muy interesante y que a mi edad no podía rechazar. Además, así estaría más vinculada a Ibiza, el hecho de que me haya ido no quiere decir que quiera desvincularme de la isla. Creo que puedo hacer algo por ella, aplicar los años de experiencia en política europea a un sector que es clave para el sitio de donde provengo. También se trataba de dirigir un equipo, estar al frente de una asociación europea con miembros en los diferentes países. Todos los elementos eran positivos y no pude decir que no. Todo fue bien en el periodo de selección y de inicio, pero ha sido fruto de la casualidad.
—¿Cuál es su papel en la Hotrec?
—Dirijo un equipo de seis personas y entre todos nos ocupamos de hacer el seguimiento de las iniciativas políticas y legislativas referentes a los hoteles, bares, cafeterías y restaurantes de toda Europa. Más del 80% de la legislación que se aplica aquí mismo y en todos los sitios tiene su origen en Bruselas y esto es algo que la gente no sabe y que los políticos locales no dicen siempre. Si hay una directiva europea que marca cómo se tiene que regular un sector sobre un tema específico, las autoridades nacionales, regionales y locales lo único que pueden hacer es trasformar esa ley europea en ley nacional o decreto, en normativa local. Es algo que no se sabe, pero el margen legislativo que les queda a las autoridades nacionales, regionales y locales es muy reducido, en muchas políticas.
—¿En qué proyectos o iniciativas trabaja ahora mismo?
—La política turística europea se ha visto reforzada desde el Tratado de Lisboa, ahora hay más recursos económicos para proyectos europeos dirigidos al turismo. Hay varias iniciativas en marcha y otras que se han adoptado ya. Está en estudio una propuesta de reglamento sobre la calidad de los establecimientos turísticos que introduce un sello de calidad con criterios comunes; se está revisando el concepto de paquetes de viaje para evitar el fraude al consumidor; los TIC para que incorporen las nuevas tecnologías al sector turístico, tema clave para la competitividad que permite a la pequeña y mediana empresa incrementar su mercado y adoptar modos de gestión más sostenibles.
—Dado que casi el 90 por ciento de las empresas del sector son pequeñas o medianas y que suponen un alto porcentajes del empresariado europeo, ¿se tienen en cuenta iniciativas comunes a todas?
—Hay varias iniciativas que afectan al sector de forma global, como la revisión de los tipos de IVA para hoteles y restaurantes; un reglamento de etiquetado de alimentos, la higiene alimentaria, una carta sobre turismo sostenible y responsable y otras iniciativas de autorregulación como pueden ser la clasificación de hoteles, la distribución en línea y la seguridad contra incendios. Son temas casi siempre complejos que hay que desarrollar y esto lleva tiempo.
—Y en políticas de turismo, en concreto, ¿qué hace la Hotrec?
—Tradicionalmente no se abordaban como ahora las políticas concretas de turismo, ya que es un tema que afecta sobre todo a la pequeña y mediana empresa y siempre se ha considerado que desde la cercanía al pequeño empresario, a nivel regional o local, es desde donde su puede regular mejor. Pero la Unión Europea tiene cada vez más competencias, junto con los Estados miembros, o comunidades autónomas en el caso de España, y puede coordinar muchas iniciativas turísticas que antes no podía plantear.
—¿Quiere decir que las decisiones que se adoptan en la Comunidad Europea tienen más peso y son cada vez más?
—La Unión Europea, es decir Bruselas, tiene cada vez más competencias. Hay más decisiones europeas de lo que se conoce y de lo que parece, porque se ignoran y los políticos no lo cuentan. Si es una idea política buena, suelen decir que ha sido suya y cuando es algo malo, lo achacan a Bruselas, pero tanto lo bueno como lo malo viene de ahí. Quizás muchos no saben ni siquiera qué tiene su origen allí, es algo que se ve lejano. Cuando tenemos una legislación nueva, ya estamos en el proceso de transformación. La legislación que se adapta en una región o localidad ahora, hace dos años que se tomó en Bruselas, pero no se tiene en cuenta. Puede tardar varios años en aplicarse o llegar al empresario final.
—Un buen ejemplo de que los ciudadanos europeos no somos realmente conscientes de lo que es Europa en realidad.
—Exacto, sobre todo el dato de que más del 85% de las decisiones se toman en Bruselas.
—¿No se comunican bien?
—Quizás no se comunican de un modo completo y no se transmiten por parte de los que lo tendrían que decir. Esto no cambia nada, esto es así y ya está.
—¿Cómo se puede beneficiar un empresario español o ibicenco del trabajo de la Hotrec?
—La Hotrec es una asociación europea compuesta íntegramente por asociaciones nacionales que representan al sector de la hostelería, hoteles, restaurantes y cafés. En el caso de España hay dos asociaciones: una que representa a los hoteles y otra a los restaurantes. La CEAT para los restaurantes y la FER para los cafés. Estos son nuestros dos miembros españoles, tengo entendido que la Pimeef es miembro de estas dos, por lo menos de CEAT. Lo que hacemos es estar en contacto con las asociaciones desde antes de que se empiece a redactar cualquier iniciativa de lo que se va a hacer. Si es algo que favorece al sector lo podemos incluso empujar.
—¿A qué nivel de contactos se desarrolla esta labor?
—Hablamos con los diputados europeos y ellos nos piden nuestra opinión. Consultamos con nuestros miembros si va a ser buena o no y según lo que nos dicen lo trasmitimos a las extensiones europeas. Es algo que funciona en ambas direcciones, nosotros consultamos a las instituciones europeas y ellos a nosotros. Es un intercambio continuo por ambas partes. Si es bueno lo empujamos, si es malo nos ponemos a la defensiva y buscamos buenos argumentos para contraatacar o plantear que lo que necesita el sector es otra cosa.
—¿Actúan como ‘lobby’ empresarial?
—Se trata de influir y de hacer de grupo de presión, Bruselas es de las ciudades por excelencia del lobby. En Bruselas todo el mundo está representado, todo sector industrial que se precie tiene su antena en Bruselas porque la mayor parte de la legislación europea tiene su origen ahí y si quieres estar informado desde el principio tienes que tener una oficina y antena.
—Bruselas tiene fama de ser una ciudad aburrida. ¿Cómo es la vida allí en realidad?
—No es para nada aburrida, no es una ciudad excitante, es la capital europea porque allí están las instituciones europeas. Es una ciudad media pero fácil y práctica, cuenta con un aeropuerto internacional que conecta con todas las ciudades del mundo. Tiene las ventajas de una ciudad grande sin serlo, con mucho tráfico y mal tiempo. Si tienes la oportunidad de viajar mucho y venir a Ibiza bastante a menudo, no es tan grave.
—Le salva la excelente oferta gastronómica.
—Sí, porque por encima de Bélgica no se come bien, ni para un lado ni para otro. Los belgas tienen un interés por el buen comer y el buen vivir que da gusto y sorprende, hay muchos y muy buenos restaurantes con estrellas Michelín.
—¿Desde la atalaya europea se ve la economía española tan mal como nos cuentan?
—Está mal, no lo puedo apreciar tanto porque no vivo ni trabajo aquí. Desde Europa se ve mal, las noticias de cualquier periódico europeo o canal de televisión son muy negativas. Quizás se pinta como es en realidad. Hay que reconocer que en Ibiza no hay tanta crisis como en el resto de España, pero la situación es realmente mala y preocupante.
—¿Cree que está crisis tiene una salida a corto plazo?
—Hay salida, pero hacen falta muchos elementos favorables. Un gobierno que sepa tomar las decisiones adecuadas, pese a que en lo económico hay aún menos margen. Tendría que haber unas medidas económicas idóneas, se han hecho reformas muy costosas, pero faltan más elementos. En la crisis también influye la especulación de los mercados, que no puede controlar nadie, ni Bruselas ni Washington. No soy economista, ni una experta, pero parece que la salida va a ser larga y tiene que haber además un poco de suerte.
—Pero si los Estados tienen tan poco margen en lo económico, ¿qué pueden hacer?
—En economía, y eso sí que viene dictado por Europa, los Estados tienen muy poco margen de decisión pero no se dice. Si sube el IVA es quizás porque desde Bruselas se ha aprobado y ya está.
—Pese a la crisis, España sigue siendo la potencia turística más importante de Europa.
—Efectivamente es así, los franceses están muy enfadados porque Francia siempre ha sido primer destino mundial, pero ahora España les ha pasado. Hay muchos turistas que pasan por Francia para llegar a España, en las estadísticas cuentan como que han estado en su país, pero en realidad vienen al nuestro. Están que trinan, los miembros franceses de la Asociación siempre dicen que España les está adelantando como destino turístico mundial. Así que puede ser que el turismo salve la economía.
—¿Las Pitiusas viven en una burbuja turística?
—Hay gente que está notando la crisis fuertemente, pero no en comparación al resto de España. Ibiza y Formentera suelen salir más rápido de las crisis. Balears no sufre tanto como el resto de la Península porque vivimos directamente del turismo. Como no vivo y trabajo aquí no lo puedo decir con exactitud.
—En su calidad actual de turista, ¿cómo ve la evolución de las islas hacia un mercado de lujo?
—Es mejor que evolucione a que no lo haga, pero tampoco deben cerrarse a evolucionar con otro tipo de turismo. Hay que abrirse y pensar un poco más a largo plazo, sobre todo en la sostenibilidad, que es algo en lo que se hace mucho hincapié desde Bruselas. A veces esto no se entiende bien, ya que parece que conlleva más costes para los empresarios del sector, pero a largo plazo la sostenibilidad es lo que va a hacer que Ibiza perdure como destino turístico atractivo y esto repercutirá en la sociedad que vive aquí.
—¿Ve interesante hacer una isla de cinco estrellas?
—Si vamos a hacer una isla de cinco estrellas al final la gente de aquí tendrá que vivir a ese nivel también. El alto standing está muy bien, pero intentaría abrir un poco de miras al sector hacía la sostenibilidad, las energías renovables, a un concepto que está muy de moda ahora que es el de las smart destinations. Son destinos inteligentes que incorporan las nuevas tecnologías, tanto al uso de energías como a la forma que se da la información a los turistas y ello combinado con la sostenibilidad.
—¿Habría que potenciar más el patrimonio cultural y natural?
—Si no se cuida tanto el patrimonio cultural como el natural y paisajístico, no hay nada que hacer. Son islas pequeñitas y si no las cuidamos perderemos algo que es irremplazable. Hay que valorarlo más, no solo los ciudadanos sino también los políticos. Es un asunto que me preocupa. Desde fuera se ven más este tipo de cosas porque comparas con estos sitios. Y ya que en Balears tuvimos la suerte de empezar con el turismo después de la costa mediterránea española, hay cosas que hemos aprendido y hecho mejor. No cometamos el error de dirigirnos solo al turismo de alto standing (evidentemente no a lo cutre) y no abrirnos a otro tipo de turismo también y, sobre todo, a la sostenibilidad.
—‘Ibiza’ es una marca mundial de primer orden como destino turístico. ¿Cree que somos realmente conscientes de ello?
—Sin duda alguna, como ejemplo te diré que estuve en la Patagonia y llevaba una sudadera de Ibiza y el guía que nos llevaba a los pueblos, cuando la vio me quería comprar la chaqueta. Esto hay que cuidarlo muy bien, porque muchas veces la marca no lleva una connotación muy buena. La gente que puede hacer algo por ello tendría que tenerlo en cuenta, ya que hay que mejorar un poco la imagen de la isla, sobre todo si la idea es contar con turismo de alto nivel. Si solo potenciamos la fiesta, la gente que no ha venido aquí no tiene ni idea de que hay algo más que fiesta, que se puede comer muy bien, que tenemos un paisaje muy bello, deporte y cultura, un buen clima todo el año. Esto es solo mi opinión personal, que quede claro que desde Hotrec no entramos tanto en el detalle.
—¿A qué más aspira?
—Tengo mi pequeña familia en Bruselas, una niña, una vida tranquila y no muchas aspiraciones. Estoy muy bien en Hotrec, la gente es encantadora, el equipo es muy bueno, nos llevamos bien con las asociaciones. Me encuentro a gusto y tengo intención de quedarme en Hotrec bastante tiempo.
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