Martes 05 de noviembre de 2013
La Habana.-
Los medios de comunicación pueden ayudar a desmontar los mitos establecidos por
la tradición y convertirse en aliados para el cambio en favor de la igualdad
entre mujeres y hombres, sostuvieron periodistas y comunicadores en la capital
cubana.
Aunque esa mirada puede llevarse
a todos los ámbitos de discusión, tiene un amplio campo de trabajo en el tratamiento
de los temas de salud, atravesados por las diferencias de género, entre otras
mediaciones sociales, acotaron especialistas.
“Los mensajes y la
comunicación en materia de salud deben atender la dialéctica de las relaciones
entre la biología y el medio social”, sostuvo la periodista Isabel Moya,
al intervenir durante el seminario taller “Discurso mediático y
perspectiva de género: una alianza para el cambio”, realizado del 28 al 31
de octubre en el Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”,
en La Habana.
Convocado por la Cátedra de
Género y Comunicación de esa institución y la Federación de Mujeres Cubanas, el
curso contó con el apoyo del Fondo de Población de Naciones Unidas, la ONG
española Mundubat y Oxfam Canadá.
Profesionales de la comunicación
de diferentes provincias del país recibieron información sobre la perspectiva
de género como herramienta para el cambio de la realidad, el tratamiento de la
sexualidad en los medios de comunicación, las masculinidades y la sexualidad,
planificación familiar y demografía, entre otros temas.
Si bien hay factores biológicos,
genéticos, hereditarios, hormonales y fisiológicos que se expresan de forma
diferente en la salud de hombres y mujeres, así como en los riesgos de la
enfermedad, también hay factores culturales de género que influyen de manera
injusta en la mujer con respecto al hombre, reflexionó Moya.
“Se trata de desigualdades
que son evitables, innecesarias e injustas porque tienen un origen
social”, precisó la experta a SEMlac.
Algunas de estas situaciones
específicas deben tenerse en cuenta a la hora de elaborar mensajes efectivos,
en diferentes medios y formatos.
Tal es el caso de las desventajas
que viven las mujeres al asumir en la familia el rol de cuidadoras, social y
culturalmente establecido, y cuyo mandato y cumplimiento las lleva a abandonar
su propia salud y cuidado personal por estar en función de otras personas
dependientes, sin conciencia incluso de que ellas necesitan también de cuidados
y atención.
Otros aspectos tienen que ver con
los ciclos de vida y determinadas tendencias para unas y otros. En Cuba, las
mujeres viudas triplican la cifra de sus congéneres en igual situación, en
medio de una “feminización” de las edades maduras, reconocida por
especialistas y demógrafos.
“Pudiera parecer que la
desigual distribución de roles que signa la tradición patriarcal y la
especialización femenina en materia de reproducción les garantizara ventajas a
ellas, por estar mejor preparadas que los hombres para las condiciones de vida
propias de la tercera edad”, advirtió a SEMlac la periodista Dixie Edith
Trinquete, quien disertó acerca de “Demografía, género y comunicación en
Cuba”.
Sin embargo, ello ocurre sobre la
base de costos igualmente perjudiciales para la salud, bienestar y calidad de
vida de las mujeres, a partir de una sobrecarga laboral y doméstica que ellos
no tuvieron.
Los hombres, en tanto, no están
exentos de perjuicios por su condición de género, como aquellas prácticas
generadas por la socialización de la masculinidad que los llevan a convertirse
en grandes consumidores de alcohol o a inyectarse productos dañinos para
conseguir mayor musculatura, en detrimento de su salud.
También padecen innecesariamente
por su tendencia a postergar la asistencia a los servicios médicos, a donde muchas
veces acuden cuando ya es demasiado tarde y su vida está prácticamente
comprometida por alguna patología.
En opinión de Moya, se deben
examinar las diferencias entre mujeres y hombres, sus respectivos papeles y su
repercusión en los condicionamientos sociales y culturales de la salud y la
enfermedad, los factores de protección y riesgo, o el acceso a recursos para
promover y proteger la salud, como la información, la educación, la tecnología
y los servicios.
“Los medios de comunicación
pueden modificar la comprensión que tienen las personas sobre la realidad
social y lograr efectos cognoscitivos a largo plazo sobre los públicos”,
precisó a SEMlac Edith Trinquete.
Tienen, además, el desafío de
considerar el contexto a la hora de enfocar estos asuntos públicamente, así
como manejar indicadores que ayuden a medir ciertos aspectos de la desigualdad
y la igualdad de género.
“No es fácil conceptualizar
algunos de ellos, como las dimensiones de género del empoderamiento de las
mujeres, mientras que otros son asuntos delicados como la violencia de
género”, reconoció la economista Teresa Lara.
La experta precisó que el término
“empoderamiento” se ha actualizado con el de autonomía económica,
física y política, lo que facilita un mejor acercamiento a la medición de la
equidad de género. “Medir la violencia de género es aún más complejo, por
el sesgo en la declaración y en el registro”, aclaró.
Si bien los programas de
comunicación en salud no pueden compensar la carencia de servicios de atención,
producir cambios de conducta sin que haya componentes programáticos que los
respalden ni resolver todos los problemas, sí cuentan con otras
potencialidades, al decir de Moya.
“Pueden aumentar el
conocimiento, influir sobre las actitudes personales o colectivas, identificar
y mostrar inequidades, incrementar la demanda de servicios de salud y reiterar
o reforzar conocimientos, actitudes o conductas”, sostuvo.
Article source: http://www.yancuic.com/yancuic/noticia/35577
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