mar 282014
 

A primera vista puede parecer que este trabajo de siete años del Dr. Jef Boeke y otros científicos de universidades de todo el mundo, es una continuación del trabajo pionero de Craig Venter cuando sintetizó en el laboratorio el gen de una bacteria.

Pero levadura es una célula eucariota. Lo que nos hace pensar, por primera vez, en la posibilidad, aunque remota, de sintetizar en el laboratorio un cromosoma humano. Al fin y al cabo, muchos de los descubrimientos genéticos de trascendencia en humanos, como mecanismos de regulación de los genes, se han descrito en levaduras.

Por increíble que parezca, todos los mensajes genéticos de los seres vivos, están escritos por el mismo código de 4 letras cuyo significado se conoció hace tan sólo 60 años; a partir del trabajo de Severo Ochoa y la propuesta de Gamow de que estas letras se agrupan de tres en tres y varían su significado con el orden de las mismas, Nirenberg, Matthaei, Leder y, en mucha menor medida Khorana descifraron el código en una competición titánica y no siempre muy amable.

El Dr. Boeke es reconocido por su abundante trabajo en el campo de los retrotrasposones, unos genes que se trasladan de un cromosoma a otros sintetizando ARN y logrando que éste se copie en otro gen de ADN por un sofisticado mecanismo regulado por proteínas. Eso me recuerda a Bárbara McClintock, que descubrió en el maíz, en los años cuarenta, los trasposones, y su desesperación porque nadie entendía su concepto.

En el trabajo liderado por Boeke y un largo grupo de científicos entre los que hay un elevado número de personas haciendo la tesis, han modificado el gen original de la levadura suprimiendo las partes no esenciales. No nos equivoquemos; eso no significa que esas porciones del cromosoma sean inútiles. La antigua idea de que gran parte de nuestro ADN era “basura” se ha demostrado tan equivocada como lo estaba el dogma de la genética “un gen, una proteína”.

No me sorprende que Boeke proceda de John Hopkins, pues en ella trabajaron los Dres. Hamilton Smith y McKusic, que regalaba su clásico libro de genética, a quien más se aproximaba al peso del libro. En Valencia, en una de las reuniones sobre el Genoma, se lo entregó a la Reina Dª Sofía.

Las aportaciones al futuro de la vida en el planeta, como la mayoría de las logradas por ese nuevo campo que es la Biología sintética, son de gran importancia. Es cierto que son innovaciones arriesgadas, pero no debemos asustarnos.

El logro lo ha realizado un amplio grupo de investigadores internacionales que contaban con fondos, no solo públicos, sino también procedentes de empresas privadas como Microsoft. Durante los últimos años el Instituto Tecnológico de Massachussets, el famoso MIT, ha convocado unos Premios de Biología Sintética en que muchos grupos de jóvenes españoles han participado, incluso llevándose algún premio. El mantenimiento de un sistema de investigación y desarrollo que tan buenos frutos empezaba a dar en España puede ser la gran diferencia en el futuro. Debemos hacer que esos jóvenes con talento que se han marchado, vuelvan con nuevas ideas y más ilusión para el bien de España y de la humanidad.

Santiago Grisolía es bioquímico y Presidente Ejecutivo de los premios Rey Jaime I

Noticias Agibilis

Article source: http://www.elmundo.es/ciencia/2014/03/28/53354b46e2704e22078b456d.html

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