feb 182014
 

La última vez que el neurocientífico Rafael Yuste estuvo en la Casa Blanca, el pasado abril, el presidente Barack Obama celebraba el ambicioso proyecto de investigación del cerebro ideado por el español. Era un momento de gloria, pero ya entonces el neurobiólogo advirtió del peligro de que el plan multimillonario se dispersara.

La Administración Obama reparte ahora los primeros 100 millones de dólares (73 millones de euros) en becas para este año del proyecto conocido como Iniciativa Brain y que pretende trazar en los próximos 10 o 15 años el mapa de la actividad cerebral.

La idea surgió de un debate en 2011 entre Yuste, catedrático de la Universidad de Columbia, y George Church, genetista de Harvard que trabajó en el mapa del genoma humano. Yuste dijo entonces que le gustaría registrar la actividad de todas las neuronas a la vez, capturar todos los impulsos eléctricos con los que se comunican entre ellas. Esa aspiración es ahora la gran apuesta científica de Obama, pero el investigador español teme que la falta de coordinación desperdicie energías.

Yuste y Church se quejan en un artículo publicado este martes en la revista Scientific American de que el plan de Obama está desnortado. «El objetivo de la investigación del cerebro es amplio y la Iniciativa Brain puede degenerar rápidamente en una lista de sugerencias que intente satisfacer los variados intereses de las muchas disciplinas dentro de la neurociencia. Podría convertirse en una ayuda a proyectos ya existentes de muchos laboratorios individuales trabajando independientemente», escriben. «Si esto sucede, el progreso será caótico y los principales obstáculos técnicos podrían no ser superados nunca».

Yuste ni siquiera planea solicitar beca para su laboratorio en Columbia porque recibió en octubre el premio estrella de la investigación otorgado por el director de la agencia de Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. Tiene 2,5 millones de dólares (más de 1,8 millones de euros) asegurados para explorar nuevas técnicas de imagen cerebral. Su laboratorio puede trabajar durante cinco años «sin necesitad de solicitar otros fondos» y Yuste explica a EL MUNDO que «no sería ético pedir más». Pero teme que su investigación y la de otros quede aislada.

Ausencia de coordinación

El proyecto público carece de hilo conductor porque depende de comisiones distintas y no tiene un director central, según cuenta Yuste. Las agencias encargadas del proyecto «están repartiendo el dinero en proyectos pequeños, en vez de crear centros como ocurrió en el caso del genoma». «Pedimos que se creen observatorios cerebrales, donde se unan investigadores de muchas ramas distintas, como físicos, ingenieros, químicos, matemáticos y por supuesto neurobiólogos», dice a este diario.

Para Yuste, es especialmente inquietante la falta de coordinador: «El no tener director ha sido mi preocupación constante desde el comienzo y la última conversación que tuve con la Casa Blanca en abril del 2013 fue precisamente sobre esto. Les dije que pondrían en peligro el desarrollo del proyecto si las distintas agencias federales no estaban coordinadas. Se excusaron diciendo que no controlan el dinero, sino que dependen del Congreso y las agencias federales. Pero no me valió la excusa porque el proyecto del genoma humano (o el que sirvió para fabricar la bomba atómica o poner un hombre en la luna) tenían director».

En su artículo, Yuste y Church insisten en la importancia de desarrollar la tecnología para investigar el cerebro, el órgano más desconocido. El español suele comparar el cerebro con una película en alta definición de la que se ve un fragmento mínimo. «Es como si en vez de ver toda la pantalla sólo pudieses ver dos o tres píxeles. Así nunca podrías entender lo que pasa. Tenemos una pantalla con 100.000 millones de neuronas. En ciertos laboratorios, se ven mil a la vez. Pero nadie ha visto la película. Nadie tiene las herramientas para hacerlo. Queremos dotar a la neurociencia de la habilidad para ver la película por primera vez», explica.

Descubrir los secretos del cerebro puede servir para curar y evitar la esquizofrenia, la epilepsia, la demencia o el Parkinson entre el millar de enfermedades mentales que afectan a unas 1.000 millones de personas en el mundo.

Pero Yuste cree que las fuerzas se están dispersando. La agencia para los proyectos de investigación avanzada de Defensa ha sido la más clara hasta ahora en sus planes, que se centrarán en mejorar los implantes cerebrales desarrollando la estimulación mental o invirtiendo en nuevas tecnologías. La agencia de Institutos Nacionales de Salud está aún indecisa, aunque un panel aconsejó en septiembre que se dedicaran los recursos a las conexiones cerebrales y no a las neuronas individuales o a todo el cerebro.

Rafael Yuste (Madrid, 1963) ha dedicado su carrera a las «junglas impenetrables» del cerebro desde que con 14 años su padre le regaló Reglas y consejos sobre investigación científica de Ramón y Cajal. Estudió Medicina en la Autónoma de Madrid y en 1985 se fue de becario al laboratorio en Cambridge del biólogo sudafricano y Nobel Sydney Brenner. Preocupado por los recortes en Reino Unido, Brenner aconsejó a Yuste que se marchara a Estados Unidos: «Go West, young man», le dijo. En 1987, Yuste empezó el doctorado en la Universidad Rockefeller de Nueva York para estudiar la corteza del cerebro con otro Nobel, Torsten Wiesel. En su tesis, descubrió cómo utilizar métodos de imagen de calcio para registrar la actividad de varios centenares de neuronas. Ahora que es catedrático y lidera su propio laboratorio en la Universidad de Columbia, Yuste busca la imagen cerebral en tres dimensiones y con más células. El madrileño, de familia riojana, viaja a menudo a España, donde también colabora con el laboratorio Javier De Felipe del Instituto Cajal y asesora a centros científicos. Es un apasionado de la montaña. Cada año sube un pico de los Pirineos con un grupo de amigos. Yuste piensa en su gran proyecto científico como una escalada del Monte Perdido o el pico Posets: «Lo ves desde abajo y dices ‘es imposible’. Pero luego lo piensas con cuidado y partes el problema en trocitos. Primero a ver si nos podemos subir allí y luego a ver si nos podemos subir allá. Y poco a poco escalas. Lo haces bien preparado y con gente muy entusiasmada».

Noticias Agibilis

Article source: http://www.elmundo.es/ciencia/2014/02/18/53025baee2704eb6668b4583.html

Share

Sorry, the comment form is closed at this time.