abr 032014
 


José Antonio Martínez-Álvarez Catedrático emérito de la Escuela Superior de Minas de la Universidad de Oviedo

El español también con nacionalidad de EE UU, doctor don Severo Ochoa, fue distinguido como premio Nobel de Medicina en 1959. Recibió, entre otros, el doctorado honoris causa por la Universidad de Oviedo, en cuyo edificio fundacional (1608) tiene dedicada un aula recordatoria específica. Recibió otras muy diversas distinciones; y tuvo la inmensa generosidad e hidalguía con su tierra y patria de participar en el desarrollo inicial de la Fundación Príncipe de Asturias; de una manera particular en los avatares del diferenciado como premio de investigación científica y técnica, de cuyo jurado fue presidente. Posteriormente a su jubilación se trasladó a España y desarrolla la Fundación Carmen y Severo Ochoa. En años sucesivos permaneció unido a Luarca y Asturias de sus raíces juveniles. Desaparecida su esposa doña Carmen, esperó con visitas esporádicas a su Luarca natal izado la llegada del final, lleno de misterios de la no vida génico-genómica activa en el medio terrestre. Para juntarse, en polvo que todos somos, con su mujer; en el idílico y abierto a la inmensidad del mar océano cementerio de Luarca. Donde reposa y habita en el recuerdo con nostalgia de tantos y todos con los que coincidió; en su haber juvenil de profesional investigador, ayudador de investigadores y promocionador, desde un instituto propio del CSIC, de desatendidos campos de la investigación en España. Se refería a la Universidad de Oviedo como “mi Universidad”; mencionaba su peripecia personal en el mundo de la ciencia americana, como la correspondiente a lo que hoy llamaríamos un “fugado científico”, hacia espacios de mayores posibilidades de desarrollo de estudios en el campo investigador. Lo consiguió sin vanidad y permaneció unido a sus lugares de ascendencia, ayudando y orientando a quienes querían trasplantar o recibir injertos de las nuevas y poderosas formas de investigación, en curso en el país que lo recibió, respetó y ayudó. Realizó, en momentos difíciles y confusos, aquello que la ciencia global y mediática de hoy debe realizar, casi de forma habitual.

El próximo día 11 se anuncia la inauguración de un museo en Luarca, dedicado a resaltar esta personalidad investigadora global. Por supuesto que es una iniciativa laudable y más en estos momentos, de tan poca afección por la ciencia investigadora fundamental, así como aplicada. Considerando aspectos colaterales económicos, referidos al mantenimiento de esta iniciativa, que se me permita y disculpe el atrevimiento de sugerir -como complemento a la valoración de la obra del doctor Ochoa- el que sin perjuicio del citado museo se proponga al Consistorio de esta localidad que pase a denominarse “Luarca de Ochoa”.

Aquí vivió juvenilmente, está enterrado con su mujer y permaneció retornando los últimos años de su vida. Determine lo que la cordialidad de los habitantes de esta localidad considere; Luarca fue y permanecerá como hito en el caminar de éxito y servicio a la humanidad del doctor Ochoa. Probablemente sea conveniente que la marca “Luarca de Ochoa” ampare, además, sentimentalmente su obra sustancial, realizada por y para la ciencia universal del entendimiento de la vida.

Noticias Agibilis

Article source: http://www.lne.es/occidente/2014/04/03/luarca-ochoa/1565914.html

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