feb 122014
 

Los ejemplos son abundantes en casi todos los campos y abrumadores en uno: la ciencia y la ingeniería. Las mujeres son mayoría al empezar la carrera y al acabarla, sacan mejores notas, pero acaban esfumándose del mundo de la investigación. Muy pocas ascienden a los puestos más altos, a las cátedras. Ocurre en toda Europa. ¿Por qué? Por “prejuicios” a menudo “inconscientes” que incluso las mujeres tienen interiorizados.

Lo ha explicado en la Universidad de Deusto Inés Sánchez de Madariaga, directora de la Unidad de Mujeres y Ciencia en la Secretaría de Estado de I+D+i del Ministerio de Economía y Competitividad.

Sánchez de Madariaga dio una charla en la presentación del I Premio Ada Byron a la Mujer Tecnóloga organizado por la facultad de Ingeniería para dar visibilidad a estas mujeres y que sirvan de “modelo” a niñas y jóvenes que no suelen decantarse por estas vocaciones ante el apabullante estereotipo del científico con pantalones.

Acompañada por Izaskun Landaida (directora de Emakunde), Miren Begoñe Urrutia (directora de Política Científica del Gobierno vasco) e Inés Jacob (decana de Ingeniería), a la experta en género y ciencia la escuchó medio centenar de personas; entre ellas, sólo una decena de hombres. Aunque quizá el mensaje deba cundir primero en las mujeres.

En Euskadi ellas son el 34% de los investigadores y el avance es muy lento -eran el 33% en 2004, según el Eustat-, a pesar de que cada año se doctora un número similar de chicos y chicas. Son mayoría entre el alumnado universitario y terminan sus estudios con mejores expedientes, pero son menos del 30% entre quienes investigan sobre ingenierías y algunas ciencias experimentales.

En Europa, el 60% de los licenciados son mujeres, pero sólo el 18% de las cátedras está ocupado por una fémina.

Sánchez de Madariaga lo llamó “la tubería que gotea”: en cada estadio de la trayectoria profesional van desapareciendo mujeres. “El mayor descalabro se produce en el último, en el salto hacia los investigadores de mayor rango”, dijo. Y las tendencias tardan “demasiado” en cambiar.

Ejemplos claros, y caros

El desequilibrio resulta caro socialmente, porque la trayectoria vital de la mujer no se incorpora a las innovaciones. Sorprenden algunos de los ejemplos que comentó la ponente. A la hora de planificar el transporte, el mundo de la ingeniería no tiene en cuenta los patrones de movilidad asociados al cuidado de hijos y familiares dependientes.

Los gobiernos europeos no obligan como en Estados Unidos a probar los fármacos también en mujeres, por lo que muchos de los que después se retiran del mercado les afectan a ellas.

La Universidad de Yale envió el mismo currículum: puntuaron mejor al que correspondía a un hombre y le ofrecieron un 30% más de salario

Tampoco la empresa del automóvil piensa en incluir entre sus constantes innovaciones unos cinturones de seguridad que protejan la vida del feto de las embarazadas; esta obligación sólo existe en los países escandinavos.

¿Las causas? La experta señaló cinco. Una, los estereotipos del investigador hombre que se muestran “en los medios, en los manuales, en las aulas…” y que incluso difunden las mujeres. Dos, ellas reciben menos apoyo en el mundo profesional -“menos mentorazgo”- y en el hogar -le dedican más tiempo que su pareja-. Tres, “las discriminaciones sutiles” que empiezan en el colegio -a la niña se le “desincentiva”- y llegan a cualquier reunión en la cual la opinión de la mujer no tiene interés.

Más. Ellas, por mandato de su universidad o por voluntad propia, asumen dos tareas que no puntúan para ascender: gestión y carga lectiva. Y otra razón: también existe “sesgo de género” cuando se evalúa a los aspirantes a un puesto científico.

La Universidad de Yale envió el mismo currículum a importantes catedráticos y catedráticas: ambos grupos puntuaron mejor al que correspondía a un hombre y le ofrecían un salario un 30% más alto. En España se ha comprobado que por cada hombre en un tribunal, las aspirantes pierden un 14% de posibilidades.

Una de las soluciones, a juicio de Sánchez de Madariaga, es que los comités de evaluación sean equilibrados, cosa a la que obliga la Ley española de la Ciencia de 2011. Otra vía son los reconocimientos públicos como el que lleva el nombre de Ada Byron, la primera programadora de ordenadores.

El premio está orientado a mujeres con titulación o trayectoria profesional en áreas tecnológicas e ingeniería. La presentación de candidaturas finaliza el 20 de marzo y el galardón, dotado con 3.000 euros, se entregará el 11 de abril.

Noticias Agibilis

Article source: http://www.elmundo.es/pais-vasco/2014/02/12/52fb4dc5ca474193688b456b.html

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