mar 112014
 

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Parte del título de este artículo está tomado en préstamo de un reciente libro del profesor Luis Garicano, que desafortunadamente no he leído aún, pero sobre el que versa el artículo de Antonio Roldán publicado el sábado 8 de marzo de 2014 en la sección de Opinión de El País bajo el atrayente y provocador título: España, la Dinamarca del Sur . Taxativamente, sin dudas ni interrogantes. Sin embargo, cuando se entra en su lectura, la situación cambia: porque el autor, un doctorando en Economía Política en la London School of Economics- (por cierto, la misma universidad donde profesa Garicano, ¿quizá en el mismo departamento?), nos ofrece una glosa, sintética pero muy sugerente, de algunas de las tesis que se deslizan en el libro El Dilema de España. Con una entrada digna de novela de intriga, género ahora tan de moda, puesto que hay referencias a una página, la 92, de un supuesto libro no mencionado, para a continuación sumergirse en el escenario de España en 2037. Sin embargo, la intriga se desvanece al poco, ya que el texto mismo reconoce rápidamente que “no se trata de una novela fantástica”, sino que se está refiriendo a la propuesta del Prof. Garicano en el mencionado libro sobre cómo “convertir a España en la Dinamarca del Sur”.

No conozco al profesor Garicano aunque si he seguido con interés sus textos divulgativos sobre economía teórica y política, esencialmente los publicados en el suplemento semanal Negocios del diario El País. A través de ellos he ido prestando atención a sus reflexiones y propuestas acerca de la importancia del capital humano y de la reforma de las instituciones para plantear cambios en nuestro país. Sobre estos mismos temas, aunque solo desde la óptica de la “filosofía de la política científica “, que es donde se ha enmarcado una parte importante de mi actividad analítica como investigador y docente durante las dos últimas décadas, he publicado textos y desarrollado conferencias. A lo largo de este circuito ha habido incursiones y cruces con la excelencia como concepto interesante, pero no totalmente diáfano para mí en el contexto español, para su aplicación en la gestión del capital humano universitario e investigador.

En el transcurso de ese seguimiento interesado y atento de los sucesivos trabajos de Luis Garicano, decidí establecer con él un contacto virtual en un momento que presumí podía ser una coyuntura favorable. El 24 de febrero de 2013, El País publicaba un análisis desde Bruselas con el título Olli Rehn: veredicto culpable, en el que las políticas de austeridad impuestas desde Bruselas por la Comisión se sometían al escrutinio y análisis de diez economistas, entre ellos los españoles Garicano y González Páramo. Si no recuerdo mal, las críticas eran mayoritarias y rotundas, con la sola excepción del español González Páramo, bastante más suave en sus apreciaciones. Por aquellas fechas, quien esto escribe publicaba en la web www.institutoroche.e , en la sección La biotecnología en el espejo, un artículo criticando igualmente tales políticas de austeridad bajo el prisma analítico de la biología evolutiva y desde la visión actual de la selección natural encuadrada en la teoría evolucionista. Disponer del artículo en versión inglesa me animó a aventurarme en un ejercicio de difusión y contraste internacional, enviándolo a los nueve expertos críticos. Recibí corteses, interesadas y cooperativas respuestas de dos de ellos: los reputados Dani Rodrik ( Harvard) y Charles Wyplosz ( Ginebra). De Luis Garicano no llegó ni siquiera un escueto acuse de recibo.

Si en España tuviéramos un gobierno bacteriano, se apoyaría la cooperación y se corregirían desigualdades

Ahora quiero señalar, de nuevo desde la “filosofía de la política científica”, algunas preocupaciones que me ha suscitado el artículo de A. Roldán. En él se afirma que esa conversión Sur/Norte de España en Dinamarca es algo posible para el autor del libro.
Para exponer mi preocupada discrepancia evoco a dos prestigiosas figuras de la ciencia económica. Uno es el profesor Kenneth Arrow, Premio Nobel desde la experiencia de sus 91 años, quien en una reciente entrevista publicada en El País declaraba: “En meteorología un buen pronóstico no es decir si va a llover o no, sino la probabilidad de que llueva… en la economía veo que hay poca dedicación a la valoración de los pronósticos…”.

Por otro lado, en este punto y desde el acervo de la economía evolucionista parece muy oportuno rescatar el concepto de path dependency (la dependencia de la trayectoria) a partir de, por ejemplo, el Premio Nobel, Douglas C. North. Con tales referencias, me atrevo a preguntar al doctorando Roldán y al profesor Garicano si mantendrían esa posibilidad de transformación institucional española a la luz de lo que ha sido la historia de la política científica en España desde principios del siglo XX hasta la fecha, con episodios como la existencia y desaparición de la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas ( JAE), la creación y compleja y tortuosa evolución del Consejo Superior de Investigaciones Científicas ( CSIC), la historia contemporánea de la Universidad en España, la trayectoria de la economía industrial y, cruzando estos acontecimiento,s los pensamientos de D. Santiago Ramón y Cajal, nuestro único Premio Nobel en ciencias naturales.

Otra cuestión sería la de reflexionar sobre si existe un mínimo de plausibilidad en el “escenario España 2037” tal y como se presenta en El dilema de España, a la luz de lo que historiadores de la ciencia (Laín Entralgo, López Piñero, Sánchez Ron, María J. Santesmases y Ana Romero) o analistas de las política de I+D+i (Javier López Facal, Jesús Sebastián, uno mismo) han contado y analizado a lo largo de las últimas décadas.

Por otro lado, puestos a jugar con propuestas con escasas probabilidades, me atrevo a formular dos desde la economía biológica evolucionista (no confundir con la bioeconomía). La primera consistiría en invitar a la economía a abandonar su naturaleza cíclica, porque sin dar ese paso se antoja harto difícil que pueda dirigir al mundo hacia una perspectiva real de futuro sostenible. La segunda atañe a España y su gobierno. En virtud de análisis recientes sobre las lecciones socioeconómicas que nos aportan las bacterias, se puede apuntar, en una opción surrealista, que si en España tuviéramos un gobierno bacteriano, se apoyaría la cooperación, se corregirían desigualdades, se mejoraría la alimentación, y se frenaría la destrucción del entorno ambiental, todo lo cual permitiría dirigir una evolución transformadora basada en la eficiencia científico y técnica y en la optimización de los recursos.

— Emilio Muñoz, Coordinador de la Unidad de Investigación en Cultura Científica del CIEMAT. Fue presidente del CSIC entre 1988 y 1991

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Article source: http://esmateria.com/2014/03/10/los-dilemas-de-espana-y-propuestas-casi-imposibles-un-gobierno-de-microbios/

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