mar 302014
 

Darwin se valió de una imagen, los picos de los pinzones de las Galápagos -de diferente tamaño y forma según la fuente de alimento- para ilustrar sus teorías evolucionistas. Lo mismo sucedió en la historia con cerebros científicos como el de Galileo. A medida que desarrollaba su telescopio, su pincel ilustraba las fases lunares. En Galicia, los pioneros de la ciencia pusieron su granito de arena. Uno de los primeros mapas isobáricos de España, de Eduardo Chao, salió de un observatorio meteorológico de Vigo. También, la primera pintura del mundo de una marea roja, en Pontevedra.

¿Cuáles han sido los iconos con más valor para la ciencia en Galicia? A principios del siglo XIX un ingeniero de la Armada de Ferrol, Josef Muller, se adelantó a su tiempo, con la publicación de un “gráfico” en el que se explicaba el plano de la bomba de vapor. Muller firmó los planos de esa máquina de los astilleros de Ferrol en 1813; fue la primera utilizada en Galicia. “Además, es una representación muy buena”, asegura el edafólogo y catedrático emérito, Francisco Díaz Fierros, que acaba de usar esa imagen para la portada del libro “Arte e ciencia en Galicia. A ilustración científica e técnica”, editado por la Universidade de Santiago.

Es fruto del trabajo de búsqueda en la historia de la ciencia, en la que una vez sumergido, se encontró con imágenes dignas de atención. Esa recopilación arrancó allá por el año 1975 y le ha llevado por múltiples fuentes y bibliotecas, desde París al Museo de Pontevedra.

Fierros ha hecho una selección a lo largo de su carrera científica, que si hay que ordenar por criterios históricos, arrancan con el Tombo de la Catedral de Santiago -animales en miniatura-, y que “se etiquetan” como pre-ciencia. Y pasan por los grabados de índole veterinaria que acompañan el libro de Francisco de la Reyna, en la edición impresa en Mondoñedo en 1547, que representa el primer libro científico impreso en Galicia. La lámina de un caballo de la portada, está considerada la primera ilustración científica.

Los grandes paradigmas que revolucionaron la ciencia, como los trabajos de Newton, también tuvieron su equivalente gráfico. La ilustración que acompañó los escritos cumplió una función impactante a veces, como la célebre imagen de la pulga vista en el microscopio. “Su uso era mucho más restringido, pero además la imagen tiene un alto valor icónico. Está hecha con una calidad impresionante y en grandes dimensiones”, explica Fierros. “Las imágenes son algo que todo el mundo valora, pero que nadie había estudiado de una forma sistemática”, apunta como base que justificó gran parte de su trabajo.

Incluye la ilustración del viaje al Estrecho de Magallanes por el capitán Pedro Sarmiento de Gamboa, en los años 1579 y 1580. El marino Gamboa, natural de Pontevedra, fue para Markham el mejor navegante científico de su tiempo, ya que fue el primero que se valió de la distancia angular del sol a la luna para determinar la latitud del mar. Y su ilustración reproduce con detalle la la geografía de las islas.

Entre los personajes que cita Fierros sorprende la historia del gallego Ramón Verea, que triunfó en Nueva York como periodista -fundó el periódico, luego revista ilustrada El Progreso- y como inventor: patentó la primera calculadora que realizaba las cuatro operaciones aritméticas básicas. Después de inventarla y patentarla en 1878, se desentendió del asunto. Parece que no le interesaba el dinero, solo quería demostrar en Nueva York -centro del corazón de aquella gran nación nutrida de emigrantes de todo el mundo-, que su capacidad de innovación estaba a la altura de la estadounidense. Natural de A Estrada publicó dos novelas, fue corredor de comercio y dejó para la posteridad la imagen de la patente de aquella calculadora. Y también la impronta de no haber sido un emigrante más que un día partió a EE UU.

“La ilustración francesa fue la que más hizo por la ilustración científica. Las imágenes ayudaban a entender el porqué del tema científico; tenían un alto valor sintético de muchas ideas y simplificaban aspectos. Hoy en día con la evolución técnica e informática, la propia imagen puede ser el elemento de investigación en sí mismo. También tiene un valor de llamada, que puede hacer que gente no iniciada se interese por la ciencia”, reflexiona el autor.

Otros grabados en Galicia con historias curiosas detrás son el de la enferma de Gonzar, Josefa de la Torre; que representa el primer caso de anorexia, tras 34 años sin comer en 1808. El caso, que recogió en la época el Recreo Compostelano y la pluma Otero Pedrayo en un cuaderno de Estudios Gallegos, fue muy debatido y famoso en la época Además de la ilustración que incluye el libro, existe otro cuadro en el Museo de Pontevedra de la enferma. Con estas mismas características de inanición se documentó otro caso en la provincia de Pontevedra, Rocamonde, que supuestamente pasó 18 años sin comer.

También fue un hito visual el primer cuadro de una marea roja que Ramón Sobrino encargó a su hermano pintor Carlos en 1918 y probablemente la primera en el mundo.

El Ministro de Fomento durante la primera República e impulsor del ferrocarril a Vigo, Eduardo Chao, llegó a sufragarse un observatorio meteorológico en Vigo, ya que era un gran aficionado a la Meteorología. Esta pequeña estación logró otro hito que queda recogido en el libro: incluyó la representación de una gran borrasca en Europa; una de las primeras representaciones de Meteorología en España y la primera en Galicia. Ese mapa isobárico europeo fue realizado en 1878, con técnica cromolitográfica.

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Article source: http://www.farodevigo.es/sociedad-cultura/2014/03/30/imagenes-alumbraron-ciencia-galicia/995837.html

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