feb 032014
 

Hace unos días tuve la oportunidad de entablar una conversación con un vendedor de unos grandes almacenes dedicados a la venta de equipos electrónicos acerca de las propiedades de unas impresionantes televisiones planas con píxeles formados por cristales OLED (Organic Light-Emitting Diode). En un momento de la entretenida charla el vendedor hizo referencia a la existencia de unas nanopartículas que permitían mejorar la emisión de ciertos colores. Me quedé un tanto sorprendido ante la referencia a las nanopartículas y le solicité más información sobre las mismas. Lamentablemente no me pudo dar más detalles. Sin embargo la sensación que me dejó fue positiva pensando que cada persona que oyese las especificaciones de boca de aquella persona se volvería a su casa habiendo escuchado el término “nanopartícula”. Es posible que algunas de estas personas, intrigadas, lleguen a buscar información sobre las nanopartículas y comiencen a tener contacto de esta manera con la nanotecnología. Puede decirse que aquel vendedor hacía la función de “divulgador semilla“.

Sin embargo, no deja de ser sorprendente que una persona haya incluido en su léxico la palabra “nanopartícula” cuando la mayor parte de la clientela que le escucha no sabe lo que dicho término significa. Esta afirmación no se basa en experiencias personales sino en los resultados que diferentes estudios e informes que abordan la compleja cuestión de la percepción social y la comprensión pública de la nanotecnología. En un excelente trabajo titulado “La comprensión pública de la nanotecnología en España” publicado en 2012 en la Revista CTS su autor, Javier Gómez Ferri, profesor de la Universidad de Valencia, muestra las decenas de informes sobre percepción pública de la nanotecnología realizados en diferentes países o por entidades como la Comisión Europea. Una de las conclusiones a la que se llega en este trabajo es que la nanotecnología ha pasado bastante desapercibida para la opinión pública, la cual ignora lo que es y no posee claras expectativas sobre sus implicaciones y consecuencias. En concreto se estima que la cifra de españoles que tienen una clara noción de lo que es la nanotecnología ronda el 5%, cifra algo inferior a la de la media europea.

Sin embargo esta ignorancia no impide que en general se tengan actitudes positivas con respecto de la nanotecnología, aunque esta situación es altamente inestable y puede volverse en contra ya que la opinión pública es muy influenciable y altamente inestable. Este comportamiento es previsible en una sociedad como la española, algo alejada de la ciencia y la tecnología por diversos motivos, a pesar de los esfuerzos que se han hecho desde instituciones como la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT) o el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y a través de iniciativas como esta misma página web o la Red “José Roberto Leite” de Divulgación y Formación en Nanotecnología (NANODYF) .

También puede pensarse que este desconocimiento de la nanotecnología por parte de la población española se debe a que la nanotecnología es una rama emergente que se encuentra en su adolescencia. Sin embargo, la realidad muestra que la nanotecnología ha entrado en una etapa de madurez, como se pone de manifiesto en el Programa Horizonte 2020 de la Unión Europea que consagra el papel de la nanotecnología como una de las líneas de investigación que permitirán mantener el liderazgo industrial del viejo continente.

Esfuerzos por dar a conocer el término

El Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2013-2016, también destaca el papel de las nanotecnologías, ya que mimetiza los contenidos del Programa H2020. Es decir, los ciudadanos europeos en general y, los españoles en particular, financian con sus impuestos investigaciones en temas que desconocen. Esto no deja de ser paradójico y una manifestación del interés relativo por la ciencia.

Es cierto que el futuro de la nanotecnología depende de muchos factores, no sólo de los asombrosos logros científico-técnicos, sino también de las estrategias y políticas de comunicación que se propongan y lleven a cabo, en las que se debe tener en cuenta no solo el necesario aumento de los conocimientos en nanotecnología por parte de los integrantes de la sociedad sino también sus intereses y preocupaciones, abordando cuestiones éticas, legales, medioambientales, económicas y sociales. Algunas de estas cuestiones son tratadas en el excelente libro “Nanotecnología, salud y bioética” de José Manuel de Cózar Escalante, profesor en la Universidad de La Laguna. En cualquier caso, es evidente que los ciudadanos deben tener acceso a toda esta información como miembros de una sociedad sea cual sea su papel: votante, empleado, paciente, consumidor, formador, etc.

Es evidente, que en este nuevo escenario, que se corresponde con lo que se ha dado en llamar “ciencia posnormal”, el aumento de la cultura científica en el ámbito de la nanotecnología es una tarea apremiante en la que deben aunar esfuerzos científicos, ingenieros, sociólogos, docentes, periodistas, expertos en comunicación, y políticos. En este contexto, los informes de comprensión pública deben seguir de guía para orientar la actividad de equipos de trabajo multidisciplinar que aborden de forma integral los procesos de apropiación y participación científica por parte de los ciudadanos. Recientemente, Javier Gómez Ferri ha publicado un informe sobre “Comprensión pública de la nanociencia y la nanotecnología”, cuyas conclusiones merecen especial a atención a la hora de diseñar actividades de divulgación.

Finalmente, cabe destacar que tanto José Manuel de Cózar Escalante como Javier Gómez Ferri forman parte, junto con otras personas, del Grupo de Investigación Social en Nanotecnología (GRISON). El principal objetivo de este grupo es el estudio de las repercusiones socio-ambientales de las nanotecnologías. Los integrantes de GRISON han publicado diversos estudios y artículos y han organizado diferentes encuentros y reuniones. Esta actividad, complementaria de la que se desarrolla en los laboratorios, pone de manifiesto que la acción coordinada de investigadores, divulgadores y sociólogos puede servir para formular estrategias con las que lograr que la nanotecnología deje de ser un objeto desconocido para el gran público, pasando a formar parte de nuestro acervo cultural a la vez que los “nanoproductos” se van incorporando a nuestras vidas.

Pedro A. Serena es investigador del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Noticias Agibilis

Article source: http://www.elmundo.es/ciencia/2014/02/03/52ebaf2d268e3e4f588b456a.html

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