feb 142014
 

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Emilio Muñoz en su despacho del Ciemat / Ciemat

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“En la década de los 80, un grupo de científicos treintañeros aterrizó como delicados elefantes en una cacharrería ministerial. Seguramente con ingenuidad y sin darse cuenta de cómo se las gastaban allí, empezaron a armar una estructura impecable, moderna, abierta y por lo que se está viendo, muy difícil (pero no imposible) de destruir, de cuyos frutos vive aún la ciencia en España”. Así describía en un artículo de la revista Jot Down aquella etapa clave para la ciencia española Victoria Ley, actual directora de I+D+i y Educación en la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte y anterior responsable de la evaluación de los proyectos científicos en España. Uno de los protagonistas de aquel tiempo fue Emilio Muñoz.

III Emilio Muñoz

Emilio Muñoz Ruiz (Valencia, 1937) ocupó durante la década de los 80 los principales puestos de responsabilidad de la política científica española: vicepresidente del CSIC (1980-1982), director general de Política Científica (1982-1986), director general de Investigación Científica y Técnica (1986-1987), secretario general del Plan Nacional de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico (1987-1988) y presidente del CSIC (1988-1991). También es caballero de la Legión de Honor francesa y doctor honoris causa de la Academia de Ciencias de la URSS .

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Después de una década dedicado a la tarea de construir un sistema de ciencia que se pareciese al de los países más avanzados, este biólogo molecular se pasó a las ciencias sociales, a estudiar las relaciones entre la ciencia y la tecnología y la sociedad. Después de una larga experiencia en distintas trincheras de la guerra de la ciencia, cree que la próxima batalla clave es la cultura científica. “Últimamente estoy invocando la necesidad de una revolución social en favor de la ciencia”, afirma. “Si la gente estuviera concienciada de la importancia de la ciencia quizá estaría demandando más apoyo. La gente ya ha gozado del beneficio de una sanidad universal y por eso se manifiesta para defender ese derecho”, continúa. Sin embargo, lamenta, “los científicos se manifiestan solos”.

“La selección natural no es lo que dijeron algunos economistas, que era la supervivencia de los más aptos”

El investigador, que recibe a Materia en su despacho del Ciemat, donde trabaja en la Unidad de Investigación en Cultura Científica, piensa además que esa cultura científica no solo es necesaria para que la población apoye a quienes defienden la I+D. A la vista de lo sucedido durante la última gran crisis económica, Muñoz se percató del alejamiento de la ciencia en el que se había desarrollado una actividad tan relevante para la vida de las personas como la economía. En su último libro, La economía reclama (inter) disciplina. La biología al rescate, recoge sus reflexiones sobre la necesidad de acercar la economía al método científico y de que esta disciplina aprenda de las enseñanzas de una ciencia como la biología.

¿Por qué cree que la biología puede hacer aportaciones relevantes a la economía?

Yo me he dedicado durante los últimos años al campo de las ciencias sociales, siendo biólogo molecular de origen. A partir de la crisis, me puse a leer de forma muy intensa sobre esta crisis y su gestión, y yo, que había tenido una posición de mucho respeto hacia la economía y era un ámbito dentro de las ciencias sociales en el que no había entrado. Después de hacer una inmersión en ese campo, he visto que estaba muy alejada del método científico. Y me di cuenta de que la biología podía cuestionar muchas de las políticas que se estaban llevando a cabo.

“La economía que nos llevó a la crisis estaba muy alejada del método científico”

En este momento sabemos, por ejemplo, que la selección natural no es lo que dijeron algunos economistas, que era la supervivencia de los más aptos. Es un proceso en el que también intervienen factores de cooperación y de altruismo con resultados positivos. Sabemos además que no se puede plantear que la desregulación es fantástica cuando la biología tiene dos grandes pilares: la información, que es el ADN, que lo hemos sacralizado, y la regulación, que para mí es tanto o más importante que la propia información, porque si no ni siquiera seríamos seres vivos.

El ADN es muy importante, pero está muy regulado. Tenemos el mismo ADN en todas las células, pero esta se expresan según controles y regulación de forma distinta dependiendo de si están en el hígado, en el páncreas, en el cerebro… Por eso, por ejemplo, hablar de desregulación como un bien absoluto me parecía una herejía. Estas cuestiones me llevaron a pensar que la biología podía aportar conocimientos para criticar seriamente las políticas que se estaban aplicando.

Pero es posible que las políticas que se han aplicado y que, según comenta, están alejadas del método científico, no sean las que propugnan los académicos sino las que prefieren los políticos.

Claro. Yo he leído a economistas que son muy críticos con las políticas aplicadas y son los que me han inspirado. Stiglitz, por ejemplo, o Jeffrey Sachs cuestionan muy seriamente estas políticas. Y nadie les hace caso.

“Los poderes en España, tanto públicos como privados, no han creído nunca que la ciencia es lo que necesita el país”

La economía ha cometido un pecado que es quererse convertir en una ciencia natural o experimental, y ese modelo es el que ha llevado a hacer planteamientos dogmáticos y ha permitido a políticos desaprensivos o no ilustrados aplicar políticas sin sentido. Si hubiera método científico, se estarían debatiendo y no imponiendo un dogma. En la investigación el dogma no existe, son verdades que van evolucionando porque hay debate.

Usted afirma que, en parte, las políticas económicas erradas se basan en una interpretación también errada de Darwin.

Eso se da por una malinterpretación de Hayek, pero otros economistas como Stiglitz ya cuestionan esa visión. La evolución se ha distorsionado mucho porque era una teoría muy difícil de explicar y al propio Darwin le costó mucho hacerlo. Y eso ha dado pie a interpretaciones como las que indican que todo se trataba solo de la supervivencia del más fuerte. Pero es mentira. Además, se está viendo que la cultura es un factor tan fuerte para introducir cambios como los genes e incluso que pueden incluirlo de forma mucho más rápida. Todos esos argumentos te dan mucha fuerza para discutir algunas políticas.

¿Cree que es posible que los políticos asuman este tipo de argumentos?

Supongo que no, pero yo no quiero convertirme en economista. Lo que quiero es que la economía reconozca la necesidad de la interdisciplinariedad. La biología nos está enseñando que si no hay interdisciplinariedad no puedes trabajar en la biología nueva. ¿Dónde están los grandes avances? En los láseres, en los nuevos microscopios…? Se está produciendo un nuevo renacer gracias a la interdisciplinariedad y la economía sigue encerrada en sí misma y sin quererse abrir a nada.

¿Las cosas irían mejor si hubiese menos economistas y gente del derecho y más científicos de otras disciplinas en la política?

Si hubiera más mezcla, quizá sí. Pero tendrían que escuchar. De la misma forma que el resto les hemos escuchado a ellos, los economistas tendrían que escuchar a gente de otros ámbitos científicos.

Hablando de economía y de política científica, ¿es de los que piensa que pese a las circunstacias económicas, que son importantes, el problema fundamental de la política científica española no es el dinero?

El dinero no es el problema fundamental, pero la falta de dinero sí es consecuencia de que no exista una política científica. Si crees que la ciencia y la tecnología son factores decisivos para el desarrollo de un país y para salir de una crisis, obviamente vas a apostar por ello y los recortes no se van a aplicar ahí. El recorte no es la causa primera sino una consecuencia.

¿Por qué cree que se da ese desprecio a la ciencia entre las élites en España?

En este país falta cultura científica. Tenemos más cultura de carácter artístico. Los poderes en España, tanto públicos como privados, no han creído nunca que la ciencia y la tecnología son lo que este país necesita para salir adelante. Y eso es un problema histórico y cultural profundo.

“En EEUU no han cambiado su política científica desde los 40, y en España cambiamos continuamente”

Tuvimos un periodo muy importante que hay que reivindicar, a finales del siglo XIX y primer tercio del XX, en el que España quiso salir de esa situación, y ahí tenemos la creación de la Junta de Ampliación de Estudios, el Instituto Escuela… Después vino una guerra y el desastre. En los 80 intentamos hacer otro proceso de modernización, pero como no existe un sustrato adecuado, en cuanto llegó una crisis como la de los 90 se volvió a cuestionar el esfuerzo en investigación. Después, cuando se supera esa crisis, se vuelve a apostar por la ciencia, pero sin estrategia. El problema principal es la ausencia de instituciones, aquí no tenemos universidades como Oxford o Cambridge. En España solo hay personas, así que cuando desaparecen las personas los proyectos se vienen abajo.

“En España solo hay personas, así que cuando desaparecen las personas los proyectos se vienen abajo”

¿Cómo se puede cambiar esa situación?

Es muy difícil. Algunos creíamos que el país podía cambiar después de la transición, pero aunque han cambiado algunas cosas, el país no ha cambiado. El modelo de la política científica moderna, el que inició Vannevar Bush en EEUU en los años 40, no ha cambiado desde entonces en aquel país. Nosotros aquí cambiamos todo constantemente, primero creamos la Junta de Ampliación de Estudios, luego el CSIC, después la CAICYT, después se intenta lo del Plan Nacional y hacer una comisión interministerial… No sabemos ni por donde vamos, no hay instituciones.

¿Se puede hacer algo para que esto cambie?

Es una tarea difícil, pero creo que es necesario trabajar por la culturización científica de la sociedad, para que la gente ayude a impulsar la ciencia, dado que las élites parece que ya solo piensan en el dinero, en la puerta giratoria y en esta economía que ha dejado de ser una ciencia social y se ha convertido en poder político.

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