ene 302014
 

Una línea recta roja se dibuja en el monitor. Suena un pitido intenso. El paciente está en parada. Este es el estado de la investigación y el desarrollo en España: el gasto público en 2014 se encuentra a niveles de hace 10 años, según la Confederación de Sociedades Científicas de España. La congelación de los presupuestos los dos últimos años ha supuesto que cientos de proyectos médicos, ambientales, alimenticios, geológicos… estén paralizados o mermados.

España ha dado un paso atrás en materia de investigación: produce menos ciencia de máximo nivel que hace cuatro años, según un estudio de Scimago Lab, una compañía que se encarga de dar visibilidad a los trabajos que desarrollan organizaciones y universidades. Emilio Lora-Tamayo, presidente del CSICel organismo público de investigación más importante de España—, alertó el pasado julio de que la institución necesitaba 75 millones de euros para evitar un “cataclismo”. El Gobierno respondió con un crédito de 25 millones para evitar su hundimiento. El emblema de la investigación española ha pasado de recibir 835 millones en su mejor momento (2009), a los poco más de 600 que tiene previstos para 2014.

Desafío al cáncer

“Estamos moviendo cielo y tierra para salvar nuestro proyecto”

En los laboratorios de Elena Ibáñez, en el Centro de Investigación en Ciencias de la Alimentación (Madrid), apenas se oye castellano: solo dos de los becarios son españoles. Cada mes, alumnos de otros países llegan al instituto para colaborar con esta experta. Cuando el Gobierno les cerró el grifo de la financiación, se vio obligada a pedir ayuda a universidades extranjeras para no quedarse de brazos cruzados: “Estamos moviendo cielo y tierra para salvar nuestro proyecto”.

La profesora Ibáñez está inmersa en tres investigaciones diferentes y tiene que pelear por mantenerlas. A nivel regional, experimenta con ingredientes naturales que se puedan añadir a los alimentos para hacerlos más saludables; en el ámbito nacional, estudia los polifenoles, una sustancia química que se encuentra en el romero y que puede ayudar a prevenir el cáncer de colon; en una colaboración internacional, indaga en las posibilidades de la biorrefinería de microalgas, el aprovechamiento de estas plantas marinas para crear combustibles sostenibles.

Sin los estudiantes extranjeros, Ibáñez no sabe dónde estaría su trabajo. Viaja al menos una vez al mes para establecer y mantener los acuerdos con las universidades foráneas. La incertidumbre es parte de su trabajo. Pero esta mujer desprende vitalidad, quiere seguir peleando por sus proyectos: “Otros, no pueden”.

La vida escondida de las piedras

“Para saber qué pasa hoy, hay que conocer qué ocurrió ayer”



ver fotogalería

Las Bárdenas Reales (Navarra), en la depresión del Ebro. / IGME

Son kilómetros de fina arena en las dunas en Maspalomas, Gran Canaria; gigantes de piedra escarbados por el mar y el viento salado en la playa de las Catedrales, Lugo; pisadas milenarias fosilizadas sobre roca en Cornago, La Rioja. Estos lugares estarían protegidos por el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) —como así lo exige la Ley de Patrimonio Natural—, si no fuera porque en 2009 la iniciativa acabó en la papelera.

“Una de las particularidades de estos bienes es que no son renovables: si los pierdes, ya no los puedes recuperar”, explica el investigador Enrique Díaz. Él fue unos de los precursores de este plan, pero cuando parte de las comunidades autónomas se quedaron sin dinero, no pudieron acabar el inventario de lugares de interés geológico: “Tuvieron que cancelarlo en mitad del proceso”.

El patrimonio natural permite conocer la evolución histórica de la tierra y explica el cambio climático: “Si queremos comprender qué pasa hoy, necesitamos saber qué sucedió ayer”. La historia de la vida está impresa en los yacimientos fósiles, que “no solo nos ayudan a conocer, también se convierten en lugares turísticos que generan empleo”. “Estamos perdiendo muchas oportunidades”.

El Instituto Geológico es el centro de investigación público que mayor bajada presupuestaria ha experimentado: dispone de 25 millones de euros para 2014, un 43% menos que en 2009.

Donativos para salvar la ciencia

“Somos un grupo desesperado”

Vídeo cedido por la página salvemoslainvestigacion.org, que pretende recaudar dinero.

En el centro de Biología Molecular Severo Ochoa está a punto de morir una investigación que podría frenar el desarrollo en algunos pacientes de enfermedades como el alzhéimer o la esclerosis múltiple. “Somos un grupo desesperado”. Así describe a su equipo José Antonio López, investigador jefe del proyecto que lleva más de 10 años estudiando la influencia del virus del herpes simple en estas dolencias.

Su grupo es pequeño: dos investigadores y él. Aún así, corre peligro porque no puede garantizar la continuidad del personal. “No tenemos dinero para contratarlos ni becas a las que acudir. Tendrán que irse”, se queja López. El científico se refiere a sus compañeros como “genios” cuyo talento no sabe adónde irá a parar.

El parche a esta situación es una página web (salvemoslainvestigacion.org) donde aceptan donativos para seguir trabajando. “Algunos expertos que conocen nuestro trabajo se asombran y nos dicen que no nos imaginamos la trascendencia de los resultados que estamos obteniendo”, exclama el profesor, que sabe que toda su labor puede perderse este mismo mes de enero.

La investigación se viste de marca

“Se está empujando a una ciencia con un modelo esponsorizado”



ampliar foto

Centro de Biologia Molecular Severo Ochoa, en Madrid. / EDP

En el mismo edificio que López, David García intenta encontrar un antibiótico que evite la muerte de personas por infecciones en el quirófano. Mejor dicho, intentaba: “Desgraciadamente, si no hay dinero, no podemos seguir”. Su presupuesto depende de dos bolsillos: el de una empresa, a la que denunció porque no le pagó durante seis meses; y el del Gobierno, que concede una subvención a la compañía y a la que supuestamente no podían acceder.

García se dedica a la bioinformática, una disciplina que estudia la genética. “No solo estamos denunciando los recortes, sino también los modelos. El último resto medieval que queda es el sector científico, la relación profesor alumno es tan gremial que viene del feudalismo, en un ámbito que debería ser el más puntero”.

El bioquímico denuncia la intromisión de las empresas en la ciencia: “Se está empujando a un modelo neoliberal y esponsorizado”. Y da ejemplos: el CSIC ha firmado un convenio con Vichy Catalán para estudiar los supuestos efectos beneficiosos del consumo de agua mineral para el colesterol. “O lo que es peor”, exclama, la marca de lencería Women Secret organizó un desfile en el Jardín Botánico de Madrid. “Es el problema de creer que la ciencia debe ser rentable, la sanidad no tiene que ser rentable, debe cuidar a las personas”.

Los impagos se solucionaron a primeros de este año, pero la compañía ha vuelto a incumplir su contrato con el investigador. Harto de esta situación, García ha decidido abandonar el centro en febrero. 

Los límites del progreso: el presupuesto



ampliar foto

Isabel García Luque, en su laboratorio del Centro de Investigaciones Biológicas. / EDP

“Es una voladura controlada de la investigación pública”

Su investigación ya no es tal, no existe. Le ha dedicado los últimos 20 años de su vida, pero le han dicho que no hay fondos. Isabel García Luque está sola en su laboratorio. “Hay otros como yo aquí… ahí va otro sin proyecto”. Con aquí se refiere al Centro de Investigaciones Biológicas, en la capital española. Experimentaba con un virus muy agresivo que acaba con el cultivo de pimientos de muchos agricultores y cuyo modo de actuar podría usarse para entender el funcionamiento de otros virus emergentes.

García Luque ha sido investigadora principal de la UE, del Ministerio de Ciencia y de la Comunidad de Madrid. Ahora no puede trabajar. Explica que sin un proyecto no le asignan becarios, a pesar de que todavía pueda seguir trabajando con el remanente de un  plan anterior. Sin esa ayuda no puede publicar artículos, que es el principal baremo para acceder a la financiación. Es el pez que se muerde la cola.

La científica se ve obligada a pedir a otros centros el material que le hace falta y que ella no puede comprar. Define el momento que vive la ciencia como una “voladura controlada del sistema de investigación pública”. Se lamenta del retroceso que ha experimentado en España, pero se muestra esperanzada: “Yo creo que en dos años la crisis científica habrá acabado”.

Proyectos sin futuro

Foto cedida por Pérez, del CSIC.

Jara Pérez es un ejemplo de los cientos de jóvenes que quieren seguir su carrera científica, pero no pueden. El retraso de diez meses en la convocatoria del Plan Estatal de I+D+i, que decide qué ideas se hacen realidad y cuáles no, la ha dejado sin opciones. Su plan de estudio para conocer las cualidades beneficiosas en el organismo de los polifenoles (una substancia química presente en muchos alimentos) va a tener que esperar, al menos, un año más.

Para conseguir la aprobación de un proyecto en el ámbito nacional se debe garantizar que mientras se trabaje en él, se posee un contrato laboral con algún instituto o centro. Pérez tiene trabajo hasta el 2015. Si la convocatoria del Ministerio de Economía hubiese salido a principios de 2013, trabajaría en su proyecto durante 2014. Pero el plazo no se abrió hasta el pasado mes de noviembre, dejando sin oportunidades a Pérez y a otros muchos investigadores en su misma situación. Para que Pérez suba un peldaño más en su trayectoria profesional, debe ser jefa de su propio proyecto, un logro que le exigen, pero que le están negando.

La científica se queja de que su progresión no dependa de sus cualidades, sino de la suerte: “Si los plazos para la aprobación de un proyecto ya son largos y, además el ministerio les pone retraso extra… es muy difícil cumplir los objetivos que te exigen”.

Noticias Agibilis

Article source: http://elpais.com/elpais/2013/12/31/masterdeperiodismo/1385663047_149950.html

Share

Sorry, the comment form is closed at this time.