feb 112014
 

Santiago Ramón y Cajal señalaba con autoridad que la “media ciencia es una de las causas más poderosas de nuestra ruina”. Para el Premio Nobel la clave estaría en crear ciencia original en todos los órdenes del pensamiento: “Tras la ciencia original vendrá la aplicación industrial de los principios científicos. Al fin, el fruto de la ciencia aplicada a todos los órdenes de la actividad humana es riqueza, bienestar, aumento de la población…”

Salvando los contextos históricos, la demanda de Ramón y Cajal (que hoy da nombre a uno de los programas que estructuran nuestra investigación) sigue vigente a la luz de la sangría de recortes acumulados en últimos años. Según fuentes de la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE), desde 2009 a 2013 las partidas destinadas a investigación en los Presupuestos Generales del Estado han ido disminuyendo hasta alcanzar un 38,69% de forma global.

“Los presupuestos de 2013 eran tan escasos -señala a El Cultural su presidente, el matemático Carlos Andradas- que el Gobierno se ha visto obligado a aprobar dos créditos extraordinarios para evitar el hundimiento del sistema. En 2014 la partida sube ligeramente con respecto a la inicial del año pasado pero, contando esos créditos, la cantidad disponible es inferior a la final de 2013, por lo que estamos abocados a repetir una situación similar”.

Tensiones en los centros

Departamento de microbiología de la Universidad Nacional de Singapur

Las instituciones científicas ya no disimulan sus dificultades. El buque insignia, el CSIC, fue salvado recientemente de sus problemas económicos gracias a una inyección de cerca de 100 millones y a un férreo plan de ahorro (cuestiones sobre las que su presidente, Emilio Lora-Tamayo, no ha querido contestar a esta publicación) y el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, dirigido por la prestigiosa investigadora María Blasco, anunció, no sin tensiones internas, su intención de prescindir de más de 60 científicos (entre fijos y eventuales). Son solo algunos ejemplos.

Así las cosas, ¿volvemos a instalarnos en el país de la “media ciencia” tras varias décadas de progresión y buenos resultados? ¿qué piensan los jóvenes científicos que trabajan fuera? Contando con que sólo en la UE el gasto medio en I+D supera el 2% del PIB (mientras que en España está en torno al 1,3 según el INE) el futuro de nuestros investigadores se escribe ya desde la distancia cuando no desde la más absoluta diáspora.

David Vilchez (Mataró, 1978) es jefe de grupo en un nuevo centro de investigación de la Universidad de Colonia que aborda los mecanismos del envejecimiento y sus enfermedades asociadas. Parte de un contrato de cinco años prorrogables, un laboratorio totalmente equipado y un asignación de 350.000 euros para equipo y reactivos (sin contar salario y financiación del centro).

“Al poco de recibir esta oferta me llegó la Ramón y Cajal -señala a El Cultural quien formara parte del equipo de Joan Guinovart en el IRB Barcelona-. No puedo decir que en España no me ofrecieran la oportunidad, estoy agradecido, pero, claro, en muchas ocasiones supone depender de otro laboratorio y entonces me podría faltar la independencia que tengo en Alemania. Además, es muy difícil que en España me puedan igualar los recursos que tengo ahora. Me daba miedo volver y no poder realizar todos los proyectos que tengo en mente por falta de personal o medios”. Hace tan solo cinco a años que a Vilchez le preguntaban en una entrevista para una plaza de ‘postdoc’ en un centro de San Diego (EEUU) los motivos por los que quería dejar Barcelona procediendo de un país de gran ascenso y calidad científica.

“Ahora dudo que me preguntaran eso”, señala el investigador, que reclama como una necesidad de nuestra estructura científica someter nuestros laboratorios a una evaluación externa formada por expertos internacionales con el fin de aumentar la competitividad. Pero la recesión en los laboratorios no es solo un problema español. Sin que sirva de consuelo, en Estados Unidos está pasando algo parecido. Hay laboratorios grandes que siguen recibiendo una fuerte financiación pero otros han tenido que despedir gente o irse a países como Singapur. Nos lo cuenta Javier Casas (Valladolid, 1978), que estudia el sistema inmunológico en ese país dentro de un proyecto de dos años y con un presupuesto de tres millones de dólares de partida.

“La financiación en EEUU está sufriendo bastantes recortes, aunque no al nivel de España, de modo que mi jefe aceptó una oferta de la Universidad de Singapur”, explica Casas, que se muestra bastante crítico con ciertas inercias del sistema español: “Es una condición formarte en el extranjero pero el problema es que ahora si quisiera volver no podría. El programa Ramón y Cajal extiende sus convocatorias en el tiempo mientras merma su número y sus requisitos para obtenerlo. ¿Cómo es posible que ahora simplemente se haga por currículum? No importa un plan de trabajo. ¿Y si a algún demente con muy buen currículum se le ocurre que quiere perfeccionar el virus del Ébola para que sea más severo? Pues si tiene un buen currículum se le financia (poco, eso sí)”.

Otro país, otro universo

Laboratorio CECAD de la Universidad de Colonia (Alemania)

Desde Estados Unidos, más concretamente desde las alturas de la isla de Hawai, hablamos con Bruno Femenía (Gandía, 1970), que trabaja en Optica Adaptativa en el W. M. Keck Oberservatory con un presupuesto para su departamento de unos 2,5 millones de dólares (mayoritariamente procedentes de sponsors y organizaciones filantrópicas). Femenía tenía un puesto permanente en el telescopio GTC de La Palma. “No me he marchado porque en el momento de tomar la decisión estuviese como precario pero creo que una gran parte de los que nos hemos ido no volveremos, pues o hemos sido víctimas personalmente de engaños con cantos de sirena o tenemos cerca compañeros que los han sufrido”.

“Soy astrónomo y recurro a la siguiente comparación -añade Femenía-. Esto es otro universo. Aquí es inconcebible que un doctor esté ya no trabajando gratis sino con un salario mileurista. En España sólo existe la preocupación por saber el último resultado del Real Madrid-Barcelona. El hecho de que una institución como el CSIC esté a punto de cerrar por casi la mitad de lo que costó el último fichaje del Madrid no escandaliza a nadie. Aquí eso sería considerado una calamidad nacional, como quedó reflejado recientemente durante el secuestro económico que causó el cierre de varias instituciones científicas estadounidenses durante varias semanas”.

En Hawai también, pero en el Subaru Telescope, nos encontramos a Anna Ferré-Mateu (Barcelona, 1983). Mateu, contratada por una empresa japonesa que opera en EEUU, acaba de concluir el doctorado, por lo que hace lo que le toca: trabajar un tiempo fuera. Quiere dejar claro que no se trata de una huida, “de momento”, de la situación que vive España. Estudia, desde un ingenio de 8,2 metros, la formación y desarrollo de las galaxias y parece entusiasmada con su trabajo, en concreto con su especialidad astronómica. Con esa perspectiva vuelve la mirada a nuestro país, para calificar de “error enorme” dejar de invertir en I+D. “Ahora que van a construir los mayores telescopios ópticos jamás vistos (30 y 40 metros) no formar parte de estos consorcios implica no participar de los descubrimientos que revolucionarán nuestro concepto del universo. Y lo mismo sucede en medicina, biotecnología, ingeniería… Honestamente, eso de que todas las decisiones que repercuten a la ciencia vengan de un Ministerio de Economía y Competitividad no me da mucha confianza”.

Retraso en las convocatorias de proyectos y sus resoluciones, endogamia en las instituciones y la falta de política científica son para Abel Viejo Borbolla (Madrid, 1974) otros de los problemas que enquistan la ciencia española. Tras pasar por el laboratorio de Antonio Alcamí del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de Madrid le llegó una oferta de la Escuela de Medicina de Hannover, desde donde estudia las propiedades inmunomoduladoras del virus de la varicela. Según Borbolla, estos problemas afectan a investigadores de todos los niveles, desde los investigadores predoctorales a los emergentes. “También a los consolidados, que no pueden planificar su trabajo debido a los constantes retrasos del Ministerio de Economía. En algunos casos, la falta de financiación afecta a colaboraciones internacionales y los grupos implicados no pueden hacer frente a los compromisos adquiridos”.

Para Viejo Borbolla la solución está en la realización de un plan científico nacional que no esté sujeto a las fluctuaciones del partido político gobernante y dotar de estabilidad a los tipos, cuantías y plazos de las convocatorias para poder desarrollar una carrera científica con proyectos a medio y largo plazo. “La gran baza de la ciencia española son sus científicos, por lo que espero que pronto se les permita desarrollar su trabajo con dignidad y estabilidad. Sólo con una mayor inversión en I+D+I se podrá revertir el proceso y cambiar el modelo productivo”.

Por último, cabe preguntarse si el proceso es reversible, si es posible que nuestros científicos regresen a los laboratorios abandonados. Para el presidente de la Confederación de Sociedades Científicas lo más urgente es detener la sangría. Andradas cree que el tiempo es fundamental: “Aquellas investigaciones que no se hicieron en su momento y que eran competitivas con otros grupos de otros países seguramente son irrecuperables porque o ya están hechas en esos sitios o están muy avanzadas. Un buen tanto por ciento de los científicos que se han instalado en otros países también será difícil que retornen, por lo menos a corto plazo. Un incremento presupuestario serviría al menos para detener la sangría más que para recuperar lo perdido, pero esto en sí mismo ya es fundamental”.

Noticias Agibilis

Article source: http://www.elcultural.es/version_papel/CIENCIA/34074/Investigar_en_la_tierra_de_la_media_ciencia

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