mar 272014
 

Cuando uno entra al despacho de la científica Guadalupe Sabio (Badajoz, 1978) se puede llegar a pensar, por la cantidad de dibujos infantiles que cuelgan por las paredes, que estamos en la clase de tutoría de una maestra de Primaria. Nada más lejos de la realidad. Esta mujer cálida, madre de tres niños, rompe el estereotipo de investigador agrio encerrado en el laboratorio. Ella es una de las científicas más prometedoras de nuestro país. Lidera desde el CNIC (Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares) un grupo de investigación de 11 personas, 9 de ellas mujeres. Gracias a un padre, químico de profesión, que le animaba a pasar los veranos en el laboratorio, y a una madre dedicada 100% a sacar adelante a sus dos hijas, terminó la carrera de veterinaria con Premio Extraordinario y consiguió en 2005 el Doctorado Europeo del Medical Reserch Council. Fue aceptada en el prestigioso grupo de Roger Davis, en el Instituto Howard Hughes, por su investigación sobre las proteínas quinasas del estrés. Ha sido reconocida por la Fundación L’Oreal-Unesco por su estudio sobre la obesidad y su relación con el cáncer hepático y la diabetes, ha recibido el Premio Príncipe de Girona en Ciencia y Academia y recientemente, por su labor a favor de los derechos de la mujer, la Estrella de la Comunidad de Madrid. Dice que le da “vértigo” tener tantos galardones. “Implica que más gente esté pendiente de los resultados. Las mujeres de esta profesión tan masculina te ven como un modelo y para mí, que me veo como una junior, es mucha responsabilidad”.

Hoy su tercer hijo cumple un año (tiene además mellizos de 7 años). Pero no podrá asistir porque tiene una reunión en Dublín, Irlanda. Su vida personal es posible gracias a que su marido, también científico pero dedicado a la divulgación, sale de trabajar cuando los niños terminan el colegio. “Mi marido entiende mi trabajo. Se lo debo a mi suegra, geóloga de profesión, que educó en la igualdad a sus hijos. Me compensa todo el sacrificio, así mis hijos que son varones saben que mamá trabaja igual que papá”. Sabe que ha elegido una profesión que exige “constancia y no derrumbarse ante el fracaso. A veces tardas en hacer un experimento un año, te sale mal y tienes que volver a empezar con ánimo”. Explica que lo más difícil no es solo la investigación, es saber liderar un equipo y mantenerle optimista frente al fracaso. “En Estados Unidos existe el ‘mentoring’, un científico senior que te aconseja en cosas tan importantes como cuándo publicar una investigación, cuándo hacer artículos, cómo lidiar con los egos de un equipo de gente muy inteligente…”.

Guadalupe, con dos de sus hijos, el día que recibió el premio.

Sabio habla con nostalgia de su vida en Estados Unidos (sus mellizos nacieron allí). Se volvió porque a su madre la diagnosticaron cáncer. Cuenta que allí, como en otros países del norte de Europa, está valorado socialmente ser científico. “En España no está integrada la idea de que investigamos para la sociedad, para el bien común”. Sin embargo, explica que todos los países coinciden: “No hay mujeres en los puestos altos y te atacan mucho por serlo cuando lo consigues. Te critican si eres dura, si eres blanda… Hay que hacer malabares. A un hombre no le cuestionan por estas cosas”. Pero sus mayores críticas son hacia los políticos: “El problema es que la Ciencia es lenta y ellos lo ven todo a 4 años. No invierten porque saben que no se podrán colgar la medalla. Una investigación puede durar seis de media. En Alemania, por ejemplo, la crisis no ha afectado a la inversión en I+D. Si creamos un país que lo que ofrecemos es mano de obra barata y no innovación, en eso ya hay otros países que nos ganan”.

Dice que ella no pide dinero. Que tiene una beca europea para un año y medio más. Después no sabe. “Esto crea mucha inseguridad y hace que los investigadores, después de la tradicional estancia en el extranjero doctoral, no quieran volver. Aquí se invierte a trompicones. No puedes dar dinero para fabricar un coche y retirarlo cuando aún no has montado las ruedas. Un coche sin ruedas no es competitivo. Eso nos pasa a nosotros”. Sabe que trabaja en una isla. “Las instalaciones, el ambiente. Es un privilegio trabajar en el CNIC y la parte de Fundación privada ayudar a salir adelante. Nosotros realmente no nos podemos quejar, pero sí alertar de la situación de la Ciencia. No hay que mirarse el ombligo”.

Sabio no se plantea volver a Estados Unidos, aunque sabe que su investigación sobre la obesidad es uno de los campos donde hay más inversión privada allí. “Con la crisis la gente tiende a comer barato. Come más grasas animales y engorda. Nosotros investigamos cómo si modificamos determinadas proteínas podríamos llegar a proteger al paciente”. Sabe que su investigación es vital, pero no se pone plazos. “El mundo cada vez va más rápido y la Ciencia cada vez más lenta porque se intenta reproducir cada vez más el modelo humano. Siempre pienso que puedo fracasar, pero eso es la base del éxito. El fracaso en España está mal visto socialmente. En Estados Unidos se ve como una oportunidad para volver a intentarlo con más herramientas. Y esta es mi filosofía”.

Noticias Agibilis

Article source: http://www.elmundo.es/yodona/2014/03/27/5333e811e2704e760a8b456a.html

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