feb 172014
 

Todos estamos en la clave de examinar a Europa. Se acerca el momento en el que tenemos que manifestarnos. Tenemos que optar por una u otra forma para Europa, a través del apoyo a unos u otros, a los que confiaremos la tarea de poner en pie una organización, una Institución y una potencial idea que aglutine derechos, ideales y aspiraciones de muchos millones de personas. Esta vez las cosas parecen diferentes. No en vano han ocurrido cosas y las miradas se han vuelto hacia Europa, esperando, como agua de mayo, que tomara alguna iniciativa que paliara nuestras desdichas, sin que nada efectivo e inmediato se haya dado. Más bien se han evidenciado deficiencias seculares, agravadas por la componente potenciadora que la crisis ha hecho emerger.

En los sondeos, muchas veces oportunistas, en un sentido u otro, resalta, casi de forma unánime, el alejamiento de los ciudadanos con respecto a la idea de Europa. No forma parte de las preocupaciones directas de la gente, por cuanto no se siente la proximidad de las estructuras europeas, ni el grado de implicación en la vida de los europeos. La emergencia de los nacionalismos e imposición de voluntades nacionales muy por encima de los planteamientos y necesidades colectivas, hacen que esta Europa se aleje de sus ciudadanos y no se interprete que pueda ser eficaz una superestructura, que en apariencia solamente sirve para que algunos países potentes agoten a otros más débiles.

Pero si hay un sector de la población especialmente sensible al desamparo europeo es la juventud. Ha habido que esperar demasiado tiempo para que Europa haya reaccionado ante el enorme castigo a la juventud, infringido por la crisis. Es un acto de justicia luchar contra el desempleo juvenil. En el escenario europeo, en el que las finanzas han tenido un trato preferencial, contrasta que el drama del desempleo juvenil haya tardado tanto en hacerse patente. Acciones como acudir en defensa de los bancos españoles con más de 60.000 millones de euros  no se compadece nada bien con los 5.000 millones de euros con los que Europa ha reaccionado a nivel global, de los que a España le corresponden tan sólo 1.000 millones de euros. Eso quiere decir que se pone en valor comparativo cada euro destinado a jóvenes con más de 60 euros puestos a servicio de los Bancos. No es manipulación demagógica, sino simple operación aritmética. Con esto, no pueden valorar los jóvenes que Europa hace nada por ellos. Más bien resultan ser residuales y por la dilación en la toma de medidas, más bien tarde, mal y nunca.

La imagen que persiste es que Europa crea más problemas de los que resuelve. Y esto clama una dosis de responsabilidad todavía mayor, para quienes estamos comprometidos con la mejora de la vida colectiva. No todas las formaciones políticas son iguales. No todas las organizaciones políticas asientan sus iniciativas sobre los mismos ideales. No nos podemos conformar solo con las ideas. Las ideas pueden resultar sumamente perniciosas. Ya tenemos experiencia en ello. Las ideas emergentes desde la  ideología neoliberal nos han llevado a un mundo en el que hay mucho más que mejorar que los logros conseguidos. No se puede entender que la Política sea otra cosa que propiciar que todas las ventajas que producen las tecnologías y formas avanzadas de convivencia, repercutan sobre el bienestar de la ciudadanía. Una sociedad no se puede articular sobre la buena voluntad de una parte de ella, la que hoy se concita en torno a las ONG u otras organizaciones de carácter cultural, profesional, o cualquier forma de responsabilidad ciudadana. Es la Política la que se tiene que ponerse al frente y aglutinar voluntades en la dirección que permita resolver los problemas planteados.

La alternativa socialdemócrata europea supone un paso adelante en la pluralidad, hacia objetivos comunes. Los líderes socialdemócratas tienen como bandera los valores e ideales progresistas, que sitúan por encima de las voluntades e intereses nacionalistas. Es la única forma de interpretar una Europa capaz de enfrentarse a los problemas que nos deben ocupar hoy, para no tener que lamentar la inacción mañana. El pasitrote de esta Europa burócrata y anquilosada en un eterno debate sobre su organización, deja de lado las cuestiones que afectan de forma dramática a su ciudadanía. Solo desde la transparencia que ponga en claro objetivos, cumplimientos, fines y logros, al tiempo que incumplimientos, desviaciones, dilaciones o inapropiadas iniciativas, se puede construir un espacio de convivencia común, después de mucho tiempo ocupado en avances, retrocesos y correcciones que no permiten avanzar en la dirección de que esta Europa pueda satisfacer como potenciador del bienestar de sus ciudadanos. Al fin y al cabo, es lo único que importa y por lo único por lo que una sociedad tiene sentido que se articule. Lo importante son las personas y los jóvenes además de serlo, son el sostén, la fortaleza y la audacia de una sociedad que se precie.

La Garantía juvenil que pone en marcha Europa, no parece tener un reflejo efectivo en nuestro país. Aprobado a finales del año pasado, ocupa medio año del presente para comenzar a organizarse y se experimentará en la segunda mitad. Demasiada parsimonia la que se cierne en el horizonte. Esperemos que salgan las cuentas, que la gestión pueda ser eficaz (muy dudoso) y que, al menos, no se deteriore en nuestro país el esfuerzo titánico que ha supuesto la iniciativa que el grupo socialista europeo ha puesto en pie, sumando voluntades de otras formaciones. En buena lógica, en un país como el nuestro, con cifras de paro juvenil muy elevadas, la administración nacional debiera estar preocupada por incrementar los recursos y ofrecer una gestión eficaz, transparente y ejemplar. Ha perdido, de momento, la opción de haber hecho valorar en tiempo y forma, de cara a las próximas elecciones, que Europa es capaz de tomar iniciativas en la dirección apropiada. Ya no hay tiempo para que esta lectura se pueda hacer sin esfuerzo.

Noticias Agibilis

Article source: http://www.nuevatribuna.es/opinion/alberto-requena/garantia-juvenil/20140217145349100932.html

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