feb 112014
 

Tánger es un bullicioso laberinto con los primeros rayos del amanecer. Al este de la ciudad marroquí, capital de la provincia norteña de Tetuán, las aspas de varios molinos de viento cortan la llegada del sol en el horizonte. Es sólo una muestra del incipiente desarrollo de Marruecos, incluido el sector de las energías renovables. Carretera adentro, dirección Tetuán, en la zona de Meloussa, la española Gamesa levantó el parque eólico más grande del país, un complejo de 107 MW (Tánger I) que se amplió con una segunda fase en las inmediaciones de la ciudad portuaria con otros 33 MW (Tánger II). Tecnología española (165 aerogeneradores G-52) al servicio del país vecino, que fue estrenada por el propio Rey Mohamed VI en el verano de 2010.

 

Aquellos modernos molinos son un ejemplo de la inercia de los tiempos de vacas gordas en los Presupuestos Generales del Estado. Antes de que la crisis se llevara por delante la expansión de la Cooperación Española al Desarrollo, el Ministerio de Industria, a través de la Secretaría de Estado de Comercio, fue uno de los principales actores de esta partida de gasto. A través de los créditos FAD (Fondo Ayuda Desarrollo), la herramienta de financiación indirecta creada para impulsar la exportación, fundamentalmente de bienes de equipo, obra civil y materias primas, Marruecos se convirtió en el segundo país receptor de ayudas en el periodo 2007-2012, con un total de 566 millones de euros (según datos del PACI), sólo por detrás de Guatemala.

 

Casi de la mano, antes de que el diluvio de la crisis acabara con los recursos destinados a la Cooperación Española al Desarrollo (descenso del 60% en el periodo 2007-12), la cartera gestionada por el ministro Miguel Sebastián se comprometió a cofinanciar otro gran proyecto verde en suelo marroquí, concretamente en Ain Beni Mathar, en la provincia de Jerada, casi frontera con la vecina Argelia. La beneficiada de aquella monumental obra de ingeniería, bautizada entonces como la mayor planta termosolar de ciclo combinado (solar/gas) del mundo (hasta 160 hectáreas de complejo), fue la sevillana Abengoa, una de las empresas españolas que ha hecho bandera con el negocio de las renovables fuera de nuestras fronteras.

 

Planta realizada por Abengoa en Ain Beni MatharPlanta realizada por Abengoa en Ain Beni Mathar

 

Gracias a la concesión de aquellos proyectos a dos empresas españolas, financiados también por organismos internacionales (Banco Europeo de Inversiones, Banco Africano de Desarrollo y Fondo Mundial para el Medio Ambiente) y entidades privadas (KfW), Marruecos recibió cerca de 200 millones de euros a través de créditos FAD del Instituto de Crédito Oficial (ICO). El receptor de esa financiación en ambos casos fue la Oficce National de l’Electricité et de l’Eau Potable (ONEE), el organismo público responsable del desarrollo de infraestructura eléctrica e hidráulica del país, que accedió a condiciones preferentes de financiación para impulsar su plan de energías renovables, con el que espera cubrir el 40% de su necesidad energética para 2020.

 

Los créditos FAD han dejado de computarse como parte de la Cooperación Española al Desarrollo. Para superar controversias del pasado, desde el año 2012 forman parte de la acción comercial que se desarrolla desde el ICEX (Ministerio de Economía), aunque esta reasignación administrativa no es la razón de su pérdida de protagonismo sobre actuaciones en Marruecos, sino los recortes impuestos desde el Ministerio de Hacienda. Por si fuera poco, la merma de recursos se ha hecho evidente a través de otros organismos, como la aseguradora pública CESCE, cuya cobertura de riesgo quedó condicionada desde 2011 por el AVE a la Meca, el gran hito de la Marca España que indirectamente limitó las posibilidades de otros proyectos.

 

Equipo de la residencia estudiantil para jóvenes en riesgo de exclusión en Assilah financiada por la JuntaEquipo de la residencia estudiantil para jóvenes en riesgo de exclusión en Assilah financiada por la JuntaLas turbinas de Gamesa ocupan una línea principal de más de 20 kilómetros, invisible casi a pie de carretera por la niebla habitual de la zona. Igual que ocurre con la planta desarrollada por Abengoa, el mantenimiento corre a cargo de las dos empresas, que cuentan allí con personal desplazado o local para llevar a cabo ese cometido. A pesar de estos hitos, ninguna renovable española ha vuelto a conseguir un gran proyecto, aunque hayan participado en los procesos. Desde hace un par de años, otros países como Francia y Alemania han logrado que firmas de sus países (Siemens, Alstom, GDF Suez…), de la mano de la firma local Nareva (perteneciente a ONAholding industrial controlado por la familiar real marroquí), ocupen el lugar de las españolas.

 

Estas magnitudes (556 millones de euros entre 2007-12) demuestran la consideración preferencial que ha tenido Marruecos en el juego de relaciones internacionales desarrollado por nuestro país. Bien sea por temas migratorios, acuerdos comerciales o disputas fronterizas, el trato con nuestro vecino natural es constante y fluido, aunque no exento de discrepancias históricas. Sin embargo, los acontecimientos demuestran cómo otros países aliados van ocupando los espacios libres que ha ido dejando la Marca España a consecuencia de la crisis. Y es que a pesar de ser un antiguo protectorado francés (1912-1956), el norte de Marruecos, principal zona de actuación de la Cooperación Española al Desarrollo, mantiene un marcado poso y tradición española.

 

El boom de las renovables distorsionó sobremanera el volumen de ayuda recibida por Marruecos respecto a años posteriores. La política de ajustes ha afectado más severamente a las partidas bilaterales directas, no a las comprometidas a través de organismos multilaterales, sobre todo las gestionadas desde la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores. El presupuesto administrado desde la agencia pública en 2012 para sus cometidos en Marruecos apenas llegó a los 6,2 millones de euros, según cifras oficiales, que se reparten entre proyectos de gobernabilidad democrática, problemas de género, crecimiento económico sostenible y actuaciones culturales.

 

En los años de bonanza, Tánger se convirtió en la metrópoli de la cooperación internacional. Era el centro de operaciones perfecto para instalarse y cubrir desde esta emergente plaza toda la región norte del país, donde se concentra el grueso de la actividad española. Además, la cultura de lo español está todavía muy presente (Instituto Severo Ochoa, Hospital Ramón y Cajal, Consulado…) y es fácil comprobar la cantidad de intereses cruzados existentes. Casi sin esfuerzo, las muestras de esa mixtura entre los dos pueblos se hacen visibles, bien porque cualquier vecino de la ciudad tiene familiares al otro lado del Estrecho, porque sus antepasados vivieron en la Península o porque han podido completar su formación en las universidades de nuestro país.

 

Aquella abundancia de agentes españoles en Tánger se ha desplomado radicalmente. Empezando por la propia AECID, que suprimió su sucursal y coordina toda la actividad desde la base central de Rabat, una de las Oficinas Técnicas de Cooperación (OTC) que forma parte de la región de Magreb, mientras que el resto de la actuación en África se engloba bajo la región Subsahariana. Durante la primera semana de octubre del año pasado, tuvo lugar en la capital de Marruecos la reunión anual que celebra la AECID para la región del Magreb, una cita cumbre en la que se puso sobre la mesa el nuevo plan de actuación para el periodo 2014-16. 

 

Una de las Comunidades Autónomas que mantiene a flote su presencia en la ciudad portuaria es Andalucía, la región más comprometida, junto a Cataluña, en aportaciones económicas y planes de actuación en Marruecos. A raíz de la crisis, la cantidad de dinero comprometido se ha visto mermada drásticamente, como ha ocurrido con el resto de Comunidad Autónomas y Ayuntamientos que han participado como donantes en proyectos. Las cifras hablan por sí mismas. Desde 2007, 

 

El pueblo andaluz mantiene una relación histórica con esta región africana. Su condición de primer receptor de niños saharauis en las temporadas estivales no es excluyente para que desde la Junta de Andalucía, junto a distintas ONG, se desarrollen programas de actuación en el norte de Marruecos. Uno de los proyectos más recientes está a punto de culminar. Se trata de una residencia estudiantil con jóvenes en riesgo de exclusión social levantada en Assilah, una ciudad costera de gran belleza situada a 46 kilómetros al sur de Tánger. En este municipio, la cooperación andaluza promovió y desarrolló la rehabilitación de un viejo centro hasta su nueva puesta en funcionamiento, donde adolescentes entre 14-16 años completan su formación antes de decidir su futuro profesional.

 

Gran Teatro Cervantes de Tánger. (Wikimedia Commons)Gran Teatro Cervantes de Tánger. (Wikimedia Commons)Como ocurre en muchas de las actuaciones de ámbito oficial, este proyecto llave en mano ejecutado por la Junta de Andalucía se ha desarrollado junto a L’Entraide Nacional, el organismo público marroquí encargado de canalizar la ayuda internacional que recibe el país. El funcionamiento habitual, como explica la responsable de la oficina para Tánger, es que la contraparte marroquí identifique las prioridades de actuación y que los agentes exteriores elijan los proyectos en los que desean participar, en función de sus capacidades e intereses. Un programa mixto, en el que los recursos iniciales son aportados por la parte internacional y cuyo mantenimiento y funcionamiento posterior asumen las autoridades de Marruecos.  

 

La menguante falta de recursos ha descubierto algunas situaciones sonrojantes en los últimos años. La más sonora tiene que ver con el centenario Gran Teatro Cervantes, todo un vestigio cultural que nació en 1913 al calor de la pujante de la Little Spain que habitaba en la internacional Tánger. Esta joya arquitectónica y referente artístico, levantado entre la zona portuaria y algunas de las calles que van al epicentro de la concurrida Plaza 9 de Abril de 1947 (puerta de entrada de la Antigua Medina), lleva sin actividad cerca de 30 años. Las autoridades locales, a las que España cedió su explotación y uso por el precio simbólico de un dirham, hace tiempo que renunciaron a sus responsabilidades más básicas y el edificio amenaza ruina y descomposición.

 

Aunque la Cooperación Española al Desarrollo comprende programas de actuación en el ámbito cultural, este mausoleo de lo español en Tánger sigue abandonado a su suerte. Sólo iniciativas populares, tanto desde España como desde Marruecos, han conseguido denunciar esta situación y rescatar del olvido a este otro Cervantes. Cada vez hay menos dinero para nuevas cosas y sólo siguen en pie partidas comprometidas para proyectos aún en fase desarrollo. Igual que en el pasado lo habitual era ir empalmando programas, ahora cuesta mucho más esfuerzo sacar adelante la mitad del antiguo trabajo. A pesar de todas estas adversidades, los intereses cruzados entre ambos países harán imposible que los lazos de cooperación desaparezcan por completo.

Noticias Agibilis

Article source: http://www.elconfidencial.com/espana/2014-02-11/espana-olvida-a-marruecos-tras-financiar-sus-renovables-como-ayuda-al-desarrollo_87693/

Share

Sorry, the comment form is closed at this time.