feb 092014
 

No es un barco cualquiera. ¡Es el fantástico Rainbow warrior de Greenpeace!

El solo hecho de que esté ahí, causa emoción. Resulta maravilloso pensar que en esa nave se atesoran, quizás, los momentos más asombrosos de lucha por defender el medio ambiente.

Cuando ingresé a la embarcación imaginé a un grupo de fanáticos ambientalistas vistiendo camisetas de color verde neón con frases alusivas a salvar el planeta.

Para mi sorpresa, no había un solo tripulante luciendo aquellas camisetas llamativas. Es gente muy tranquila, eso sí, con convicciones personales muy definidas.

Son como una verdadera familia y da la impresión, a primera vista, que descubrieron algo que muchos desconocemos, pero que les da sentido y matices a sus vidas.
El recorrido para conocer las instalaciones comenzó en la cocina, donde se vive una verdadera fiesta de ingredientes exóticos y, sobre todo, orgánicos, que le hacen la estadía más agradable a los tripulantes.

Me interesó conocer al artífice tras bambalinas que pone de tan buen humor a esa tripulación. Se trata de Daniel Bravo, un joven mexicano (muy guapo, por cierto).

Estudió 3 años para ser chef y a los 22 años de edad era el supervisor de un importante bar de su país. Sin embargo, se sentía muy plano y, aunque aparentemente era exitoso, sabía que no era feliz, que le faltaba algo más que lo llenara, de modo que ingresó como voluntario a una reserva natural del estado de Campeche (México) y, una vez ahí, supo que no podía regresar a su antiguo trabajo.

Se percató que el medio ambiente lo jalaba. Fue entonces cuando decidió ser voluntario de Greenpeace.

“Como activista, estuve colgado en un ancla por 7 horas en Veracruz. También estuve arrestado en el Caribe”, dice Bravo.

Cuenta que en ST.Kitts se celebraba la Convención Nacional de Ballenas; así que, junto a otros voluntarios, puso colas de cartón en la playa en honor a las ballenas que habían sido autorizadas para ser asesinadas ese año. A un grupo de policías les irritó esa actitud y los mandaron a la cárcel por dos días.

Luego de sus hazañas como activista, se le presentó la oportunidad de ser asistente de cocina en uno de los barcos y rechazó una oferta laboral muy importante: iba a ser el chef privado de una pareja de millonarios dueños de buena parte de la franquicia de Bluckbuster Video.

Lleva un poco más dos meses siendo el chef oficial del Rainbow warrior, y lo que más disfruta de su trabajo es la oportunidad de contactarse con los agricultores y proveedores locales para adquirir productos orgánicos, libres de pesticidas y herbicidas.

“Una de las mejores maneras para entender una cultura es a través de la comida. Siempre trato de ir a los mercados, porque ahí puedes apreciar la cultura local. Consumimos solo los productos propios de cada región y así  también evitamos las emisiones de CO2 por transporte”, dice.

Sentía que era un buen cocinero, pero, estando a bordo, ha descubierto que es mucho mejor de lo que se imaginaba. Le ha tocado cocinar bajo cualquier condición marina. Recuerda que una vez que el mar estaba muy picado y mientras preparaba en un bowl, la pasta que comería la tripulación, la nave se enfrentó a una ola tan grande que el recipiente cayó al piso y todos sus compañeros no paraban de reír.

Greenpeace más que organización para él significa un estilo de vida por el que ha cambiado hasta sus hábitos alimenticios. Era amante de la carne. Se moría por el churrasco argentino, pero al saber que consumirla representaba un daño al medio ambiente, prefirió dejarla.

“Si todos dejáramos de comer carne podríamos reducir hasta en un 18% las emisiones de CO2 en el planeta. A través de la alimentación, podemos enfriar y podemos curar al planeta”, precisa el chef.

Dentro del grupo que atracó en el muelle de Manga hay un colombiano. Ricardo Páez es publicista de profesión y considera que Greenpeace es una gran agencia de comunicación en la que se pretende masificar al mayor número de personas para que tomen conciencia del daño que le hacen al planeta.

Todos sus conocimientos los ha puesto al servicio de la organización y, a cambio, ha cumplido uno de sus sueños más importantes: embarcarse en el Guerrero del arco iris.

“En este último mes he aprendido un montón de cosas. Somos 16 personas de 11 nacionalidades diferentes”, dice.

Estando a bordo aprendió a valorar las cosas más sencillas, como un atardecer y conocer especies con las que no tenía en sus planes interactuar.

“Ha sido emocionante ver, a las 6:00 de la tarde, cómo se aparecen 12 delfines frente a la popa del barco, porque uno sabe que está trabajando con este tipo de especies; y el que estén ahí como dándote las gracias, es gratificante. Conocer una ballena, parar a nadar en la mitad del Pacífico un domingo a las 3:00 de la tarde y que tu piscina se convierta en todo el mar Pacífico, es algo increíble”, dice.

¡Está por primera vez en Colombia!
Es la primera vez que el Rainbow warrior (Guerrero del arco iris) llega a Colombia. En el primer y único fin de semana que estuvo en la ciudad recibió más de 1.700 visitantes, una suma que no deja de sorprender a su capitán, Daniel Rizzotti, quien lleva 11 años al mando del barco.

De los logros personales que ha conseguido estando a la cabeza de la nave está haber conseguido devolverle la vida a una pareja de niños polizones africanos que se escaparon de sus países y llegaron por sorpresa al barco.

Era un problema enorme para el capitán. La ley dice que hay que devolverlos a sus países, pero Daniel ya se había encariñado con los chicos y quería lo mejor para ellos.

Luego de meses de debates y, con la ayuda de Naciones Unidas, logró que los niños, quienes, por cierto, provenían de Etiopía e Itria, dos países enemigos, tuvieran una vida más feliz.

“Fueron adoptados por una familia de Canadá. Ahora son hermanos adoptivos. Es gratificante cómo desde mi posición en el barco pude lidiar con tantos dolores de cabeza y, al final, ellos están bien. Uno de los niños está en el colegio; y el otro, en la universidad”, dice sonriendo.

También estuvo en prisión. Cuenta que estando en el barco le tocó bloquear varios puertos en una campaña en contra de la guerra del Golfo Pérsico. En uno de esos bloqueos, el barco fue tomado por las Fuerzas Especiales de España y le tocó vivir un juicio en el que pedían 12 años de cárcel para el marino.

Por fortuna le dieron solo seis meses de prisión, pero considera que si tuviera que volver a pasar por ese suceso lo haría, si tiene que ayudar. Después de todo, esa es la filosofía de vida que escogió.

De todos los sucesos que ha vivido en el mar, el que más recuerda fue una noche en la que estaba un poco cansado y se quedó contemplando el agua.

“La bioluminiscencia que hay a veces en el mar se torna totalmente luminosa, verde de noche, y el barco estaba navegando y era como una estela luminosa y andaban delfines de aquí para allá y los delfines marcaban otras estelas en el agua. Fue una cosa muy hermosa, algo único”, relata.

Algo de historia
Han habido tres generaciones del Rainbow Warrior. El primero fue hundido por las fuerzas francesas, cuando se dirigía a manifestar su incoformismo por las pruebas nucleares en el atolón de Mururoa. Antes de salir de Oklahoma(Nueva Zelanda), le pusieron una bomba y hundieron la embarcación. En el hecho murió un fotógrafo perteneciente a Greenpeace.

Luego del lamentable suceso, se compró el segundo Rainbow Warrior que estuvo navegando hasta hace dos años y que fue donado por Greenpeace a una ONG que trabaja con hospitales flotantes. Está en Bangladés(Asia) y sigue con su misión humanitaria.

Fue así como se adquirió el tercer Rainbow Warrior, un barco que trabaja con la más alta tecnología y con el menor impacto al medio ambiente.

“En esta tercera generación se usan mucho las velas, así que eso hace que este barco sea muy económico al momento de surcar los mares y transitar causando la menor cantidad de emisión de CO2 al ambiente”, dice su capitán.

El guerrero del arco iris seguirá surcando los mares, defendiendo la casa más importante que existe: nuestro planeta. Después de todo, sin ambiente no hay futuro. 

Noticias Agibilis

Article source: http://www.eluniversal.com.co/suplementos/facetas/el-greenpeace-un-barco-que-surca-el-arcoiris-150963

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