mar 312014
 

El equipo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha enviado a Dinamarca restos del hombre mesolítico, que data de un periodo de hace 7.000 años, que se encontraba en la cueva de La Braña-Arintero, en el municipio de Valdelugueros, hallado en el año 2006 por unos espeleólogos, junto a los restos de aquel otro cuerpo que sirvió de base para desvelar, por primera vez en la historia, el mapa del genoma completo de un individuo del periodo que separó el Paleolítico del Neolítico.

Aquella investigación del CSIC, dirigida por Carles Lalueza-Fox, determinó que aquel cuerpo encontrado en León, bautizado como ‘La Braña 1’, se correspondía con uno de los primeros individuos europeos, que presentaba un genoma con el que se concluyó que se trataba de un hombre de ojos azules y piel morena, “afín” a los actuales pobladores del norte de Europa, pero con genes de base africana.

Ahora, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas pretende realizar la misma operación con ese otro cuerpo, ‘La Braña 2’. La investigación no se ha podido realizar en España ya que los restos conservados de ese segundo cuerpo no se encontraban en las mismas condiciones de conservación que con ‘La Braña 1’, ya que se encontraba sumergido en una poza y la humedad deterioró los restos de vida que aún conserva para poder realizar el estudio, ya que “económicamente no es viable”, ha explicado Lalueza-Fox.

Por eso, se ha optado por trasladar los restos a Dinamarca. Allí se cuenta con un sistema técnico que secuencia el extracto que se obtiene del hueso, que cuenta en el caso de ‘La Braña 2’ con un “contenido de ADN muy bajo”. El método, que ya se ha utilizado con restos de cuerpos del periodo del Neolítico así como con momias peruanas del periodo Inca, trata de “capturar todas las secuencias humanas y descartar las bacterianas del ambiente que hay en la muestra”, para discriminar el material válido del que no lo es. El proceso, que podría prolongarse “dos o tres meses”, será seguido de cerca por un investigador del CSIC, que se ha desplazado a Dinamarca para conocer el sistema.

“Desde un punto de vista técnico es muy novedoso y es complicado. Está por ver qué mejora del material genético de La Braña 2 representa”, ha señalado el investigador del CSIC que, junto con su equipo, revolucionó el mundo científico al desvelar con el otro individuo encontrado en León, una investigación que puso a la provincia en el mapa de la ciencia, después de que la revista ‘Nature’ publicara el amplio y exhaustivo hallazgo.

El primer análisis de los restos de los dos individuos, realizado por el investigador Julio M. Vidal, halló una fractura en el cráneo de ‘La Braña 2′. (Foto cedida por Julio M. Vidal)

“Hay posibilidades de que no salga”

No obstante, Lalueza-Fox reconoce que hay “posibilidades de que no salga” ningún resultado positivo y que la secuencia genética finalmente no pueda servir para hallar el mapa genómico de este otro individuo. Pero en caso de que la técnica danesa funcione, sería la primera vez que los investigadores europeos contribuyan a la publicación de un genoma completo que ha sido sometido a su sistema.

El CSIC, después de hallar el mapa genómico de aquel cazador recolector que vivió en León hace 7.000 años insiste en el interés de lograr el mismo hito con el segundo cuerpo. Entre tanto, y después de que España venciera en la ‘carrera’ internacional por ser el primer país en desvelar el genoma de un hombre del periodo de Mesolítico, Lalueza-Fox ha afirmado que esos otros equipos investigadores podrían dar a conocer el resultado de sus análisis. “Cuando tengamos, si es posible, a La Braña 2, habrá otros genomas mesolíticos circulando”.

Una cuestión de parentescos

El motivo del interés del CSIC por el análisis de estos restos radica en la voluntad de averiguar el parentesco, si existiera, entre ‘La Braña 1’ y ‘La Braña 2’ que, a pesar de haber sido hallados en el interior de la misma cueva a escasos metros de distancia, “no tiene por qué haber relación entre ellos”. Aunque las pruebas de Carbono 14 han determinado que ambos restos datan del Mesolítico, un periodo de la historia del hombre encuadrado hace 7.000 años, la diferencia de tiempo entre ellos podría desvelar algún nuevo detalle a la investigación general sobre la estructura genómica de los primeros habitantes de Europa. Por eso, Lalueza-Fox considera que “los márgenes de error pueden determinar que no sean contemporáneos.

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