abr 042014
 

David Olmos (Málaga, 1977) le quita importancia al hecho de ser el primer español en recibir el premio anual que concede la Prostate Cancer Foundation, la organización filantrópica más importante del mundo dedicada la investigación del cáncer de próstata. El jefe de la Unidad de Investigación Clínica de Cáncer Próstata y Tumores Genitourinarios del CNIO recibirá los 225.000 dólares que concede esta asociación americana para seguir indagando en las claves de esta enfermedad, el segundo cáncer más habitual en hombres, con 25.000 nuevos casos al año en España.

¿En qué consiste este reconocimiento?
Es un premio que evalúa tu trayectoria y al mismo tiempo es una beca que te permite seguir financiando el proyecto que estás haciendo. En nuestro caso, partiendo de los trabajos que ya hemos hecho con los genes BRCA 1 y 2 implicados en el cáncer de próstata.
Explíqueme un poco más cómo se relacionan estos genes, tradicionalmente asociados a cáncer de mama.
En realidad, que los portadores de mutaciones en estos genes tienen más riesgo de cáncer de próstata era algo que ya se sabía. Lo que hemos aportado la investigadora Elena Castro y yo es que esos genes no aumentan el riesgo de cáncer de próstata en general, sino de los casos más agresivos.

¿Y eso tiene alguna aplicación clínica? ¿Se puede idetificar a los varones más susceptibles con un test genético?
No, no tiene sentido aún hacer un test genético porque son unas mutaciones muy infrecuentes, presentes sólo en el 2% de todos los tumores de próstata. Sólo en algunas poblaciones, como los judíos Ashkenazis, el porcentaje podría ser un poco más alto. Nuestro modelo trata de determinar si el cáncer de próstata agresivo está ligado no sólo a una herencia genética (en el caso de pacientes con antecedentes familiares de la enfermedad), sino también a casos esporádicos. A partir de ahora tenemos que seguir investigando marcadores moleculares que nos permitan identificar si un caso esporádico de cáncer de próstata se va a comportar de manera agresiva, incluso cuando se diagnostican precozmente.

Hoy por hoy, ¿sabemos qué pacientes van a evolucionar peor?
Hoy por hoy, la decisión de tratamiento se basa en varios datos, como el PSA, el tamaño del tumor o el grado de Gleason [que mide el nivel de agresividad de las células malignas]. En función de esos parámetros el oncólogo decide si tratar o esperar, hacerlo con cirugía, hormonas… Pero aún así, sabemos que hay casos que -incluso con el mejor tratamiento posible- reaparecen. Nosotros creemos que un porcentaje de esos tumores agresivos se explicaría por defectos en los mecanismos de reparación de ADN, lo que les confiere una ventaja evolutiva. Si conseguimos identificar precozmente esos tumores, los más agresivos, podríamos atacarlos precisamente en la que es su mayor debilidad: la reparación del ADN.

Usted se incorporó al CNIO en septiembre de 2012, justo cuando muchos colegas hacían el viaje a la inversa, saliendo de España. ¿Se lo pensó? ¿Tuvo dudas?
Claro, muchísimas dudas, pero yo me había ido al Reino Unido con la idea de volver algún día a España y rechazar esa oportunidad hubiese supuesto retrasar eso varios años más. La idea de incorporame al CNIO resultaba muy atractiva, aunque han surgido más dificultades de lo previsto.

¿En qué sentido?
Desde el punto de vista de la financiación, las circunstancias económicas han hecho daño a muchos niveles y aunque el CNIO es un centro con muchos recursos, ahora pasa por dificultades, como todos. Mi laboratorio se financia prácticamente al completo con fondos externos, de hecho, no existiría sin la beca de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) ni el proyecto de la Fundación Cris Contra el Cáncer.

Hace unos días, la secretaria de Estado, Carmen Vela, decía en el Congreso que en España ‘no hacemos bien el recorrido desde los laboratorios al mercado’. ¿Falta rentabilidad en la ciencia española?
Es importante que la I+D se traduzca en patentes, pero las patentes no lo son todo, no se puede hacer ciencia pensando únicamente en las patentes. Uno de los problemas tradicionales que tiene la ciencia española son los pocos recursos para contratar personal. Aunque se consiga financiación para un proyecto aquí, eso no te permite contratar investigadores, y sin recursos humanos no se puede investigar. En cambio, la financiación competitiva en el extranjero sí te da la posibilidad de contratar personal. De las seis personas a tiempo completo en mi laboratorio [más una séptima a tiempo parcial], todas ellas están contratadas por proyectos. Eso te da cierta estabilidad para tres o cuatro años, pero la inestabilidad viene de estar continuamente pensando en el mañana. Al final es como estar gestionando una pequeña empresa.

¿Qué parte de su tiempo dedica a la burocracia?
La burocracia también es parte de la investigación, quizás no la más bonita. Pero sí, aproximadamente el 50% de mi tiempo lo dedico a escribir proyectos, a mandar becas… Es parte de mi trabajo.

Usted se formó como oncólogo médico en Málaga, ¿echa de menos ver pacientes?
Yo veo pacientes, pero no en el sistema público por desgracia. Tenemos una pequeña unidad en el Hospital de Madrid [un centro privado], pero claro que nos gustaría llegar a más pacientes.

¿Y qué lo impide?
Yo lo he intentado a nivel personal, pero es difícil, porque a nivel político no hay interés por que el CNIO se integre en los hospitales públicos. Pronto vamos a culminar otra colaboración con el Hospital de Málaga para establecer allí una unidad de cáncer de próstata. Hay muchos hospitales españoles haciendo muy buena investigación, pero la figura del investigador que viene al hospital sólo para investigar no termina de verse.

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Article source: http://www.elmundo.es/salud/2014/04/04/533da357e2704e98348b457c.html

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