mar 202014
 

El ejercicio corporal como herramienta para preservar una buena salud es algo que hoy nadie discute. A ello se ha unido en los últimos años la importancia de ejercitar también el cerebro para expandir su potencial y conservar, en la medida de lo posible, las facultades mentales ante el paso del tiempo. Bajo esta segunda premisa se presenta Cómo invertir en su cerebro, cuyo coautor es Álvaro Fernández Ibáñez (Bilbao, 1973), un consultor y emprendedor español, experto a nivel internacional citado por medios como el New York Times o el Wall Street Journal, que lleva 15 años en Estados Unidos. Hace siete lanzó junto con el científico Elkhonon Goldberg (el otro auto del libro) la empresa Sharpbrains con la que hacen seguimiento de la ciencia del cerebro, las nuevas tendencias e intentan ver cómo se puede aplicar en la mejora de la educación, la salud y la mente. El libro, que se presenta en formato guía y está disponible en Amazon, recopila varias investigaciones científicas y da consejos de cómo sacar el máximo potencial a nuestro cerebro.

– ¿Por qué invertir en nuestro cerebro es un buen negocio?
Porque lo ignoramos hasta que es demasiado tarde, hasta que uno tiene alzheimer o una depresión crónica. Pero cualquier persona puede mejorar cosas de su cerebro. Y esto tiene dos grandes ventajas: mejorar nuestro rendimiento nos sirve para aprender cosas más rápido o para manejar el estrés para poder abordar temas más complicados; y también podremos intentar retrasar problemas relacionados con la memoria que la mayoría vamos a tener.

– Y ¿Cómo ejercitamos el cerebro?
(Risas) ¡Eso es todo el libro! Hay tres aspectos para los que hay ciencia interesante y nueva. Uno: la importancia del ejercicio cardiovascular, el ejercicio físico que exige un poco de esfuerzo. No se trata de andar, es andar rápido, hacer deporte, correr… por lo menos dos o tres veces por semana. Cada día estamos creando neuronas, a cualquier edad, pero si hacemos ejercicio aeróbico creamos todavía más. Los niños, en general, eso lo hacen bien pero los adultos no tanto. Nos olvidamos.

– ¿Qué más aspectos destaca?
El ejercicio mental porque es el que determina cómo se conectan esas nuevas neuronas con las que ya teníamos. Y cuanto más usamos esas neuronas, más se fortalecen. Así que cuanto más ejercitamos nuestro cerebro más se fortalecen todas esas miles de millones de neuronas. Y no se trata de hacer crucigramas o sudokus; los primeros 100 o 200 están bien porque suponen un gran esfuerzo, pero una vez que ya has hecho un millón es absolutamente inútil desde un punto de vista de ejercicio mental porque es una rutina. Y los ingredientes básicos del ejercicio mental tienen que ser novedad, variedad y desafío. Un poco de dificultad. Si es algo muy fácil es entretenimiento, no es estimulación mental y no nos ayuda.

– ¿Y el tercer apartado?
El manejo del estrés. Es bueno y nos hace estar alerta, pero demasiado es contraproducente y puede incluso crear que mueran neuronas, reduce su creación, no nos deja desempeñar nuestro trabajo bien… Estos tres factores son complementarios y se trata de implementarlos en nuestra vida.

– Hace un momento apuntaba a la rutina y en el libro también se menciona la ‘tele’… ¿Son estos dos elementos contraproducentes para el desarrollo cerebral?
Quizás son los enemigos. Lo que hace único al cerebro humano con el de, por ejemplo un simio, es que es mucho más flexible. Es adaptable, pero eso quiere decir que también es vulnerable y si no lo ejercitamos y aprendemos cosas nuevas se convierte en un cerebro con problemas serios. Se adapta a nuevas maneras de aprender y la rutina o ver la televisión no lo son. Por un poco de rutina o de tele no hay ningún problema, pero en España la gente ve de media cuatro horas de televisión al día y eso sí es un problema. Mejor ver solo tres horas y la otra ir a un club de lectura.

– En el otro extremo, señala la educación musical, la bilingüe y la lectura como grandes aliados del desarrollo cerebral.
Sí. La educación bilingüe es muy interesante porque hay muchísima investigación que demuestra los beneficios. Beneficios a corto y a largo plazo. A corto plazo, la educación bilingüe favorece la flexibilidad mental y permite una toma de decisiones mucho mayor que en un cerebro monolingüe. Y a largo plazo, se ha visto que las personas que siguen practicando dos idiomas pueden retrasar la aparición el alzheimer hasta cinco años. Esto no es una fórmula matemática porque todavía no hay investigación suficiente, pero la que hay apunta que un retraso de unos cinco años es algo posible y la ecuación bilingüe es uno de los modos de llegar ahí. Ahora mismo no hay un modo probado de prevenir el alzheimer, pero sí de retrasar los síntomas.

– La guía se basa en el concepto de neuroplasticidad.
Tratamos tres conceptos básicos: uno, la neurogénesis, porque cada día creamos nuevas neuronas. Hasta hace pocos años se pensaba que a partir de los 18-20 años ya no se podían crear nuevas neuronas y hoy sabemos que no es cierto. Segundo: la neuroplasticidad: no son los genes los que dicen al 100% cómo se va a desarrollar el cerebro. La neuroplasticidad lo que dice es que el cerebro no está fijo, no hay que aceptar que empeora con la edad y hay muchísimas cosas que podemos hacer igual que hacemos con el cuerpo. Y el tercer concepto es la reserva cerebral o cognitiva. En estudios hechos con personas que han donado su cerebro a la ciencia, al hacerles la autopsia han detectado que tenían patologías como el alzheimer pero que no había manifestado ningún síntoma. Y era gente con niveles de educación altos, que había tenido ocupaciones estimulantes intelectualmente. Y a través de esa educación pudieron crear muchas más conexiones entre las neuronas, con lo cual el cerebro estaba mucho mejor preparado para resistir el alzheimer.

– Una entrevista a un neurólogo afirmaba recientemente que mucho de nuestro desarrollo neurológico viene predeterminado desde el útero. Esto se contradice un poco con lo que ustedes defienden…
Sí y no. Los genes sí que marcan unas directrices generales que dicen cómo se va a desarrollar el cerebro. Pero lo que es nuevo es que eso tiene mucha menos importancia de la que le solemos dar. Alrededor de un tercio de las capacidades cerebrales que tenemos son genéticas y los otros dos tercios son educacionales. Y quizás esto hace 200 años era menos cierto porque nos moríamos a los 40 e igual los genes nos determinaban más, pero ahora vivimos muchos más años y cada vez la importancia de los genes es menor y la importancia del estilo de vida, mayor.

– ¿Hasta cuándo es maleable el cerebro? ¿Hasta que morimos?
Sí, pero menos. Aprender incluso un nombre, cualquier cosa, es un cambio pequeñito en el cerebro. Así que hasta el último día podemos cambiar el cerebro, pero la tasa de neuroplasticidad es mucho menor. El máximo de la tasa es hacia los 25-30 y luego gradualmente empieza a reducirse. Y todo el tema de fuga de cerebros me parece un mito.

– ¿?
Lo importante es que una persona pueda estimularse con novedad y con desafío. Y no hay nada peor que estar en paro un año. Así que si uno puede encontrar un trabajo interesante en otro país, que vaya y lo intente. Es una inversión, no una fuga de cerebros. Es más fuga si te quedas aquí en paro. Y estar en paro mucho tiempo es muy estresante y el estrés es malo para el cerebro. Y la jubilación en si misma, como política general que dice que todo el mundo tiene que retirarse a cierta edad, es también otro tipo de fuga de cerebros porque lo dejamos de usar. Hay un estudio en Europa que vio que la gente que se retiraba antes experimentaba un declive cognitivo y de su memoria mucho más rápido que el que seguía trabajando unos años más.

– ¿Cada vez hay más preocupación por la salud mental?
Sin duda. Y esta preocupación a nivel cerebral es por el envejecimiento de la población y también por aspectos laborales. Cada vez los trabajos son más complejos y más competitivos. Somos como atletas mentales: si uno se queda un poco anticuado en su trabajo se queda atascado en su carrera.

– ¿Qué alimentos son más óptimos para nuestra salud cerebral?
A nivel general la dieta mediterránea es la que más protege. Tomar muchas frutas y hortalizas, pescado rico en Omega3, etc. La dieta importa. Y hay que evitar los alimentos muy procesados. Si pudiéramos evitar la televisión, la rutina y los alimentos procesados iríamos por el buen camino. Lo que la gente ya sabe que es bueno comer para el cuerpo también lo es para el cerebro. Y uno o dos vasos al día de vino o de cerveza pueden proteger. En cambio tomar suplementos y vitaminas no funciona.

– ¿Los videojuegos y las redes sociales son buenos o contraproducentes para el desarrollo cerebral?
Depende… Volvamos al tema de novedad-desafío-variedad; si las redes sociales y la tecnología nos aportan esto, es mejor que la alternativa: ver la televisión. Pero, en general, nos alarmamos demasiado. Se dice que las nuevas tecnologías nos están friendo el cerebro pero eso no pasa. En los últimos 150 años, cada vez que ha habido tests de inteligencia a nivel mundial se ha visto que la gente, a nivel medio, se vuelve más inteligente. Si hubiera grandes problemas con los videojuegos o la tecnología ya hubiésemos detectado que nos estamos volviendo tontos. Pero no es así. De lo que se trata es de manejar esas herramientas para que aporten esa novedad, variedad y desafío sin estresarnos. Pero es cierto que el problema de los videojuegos es un poco el exceso porque si una persona le dedica 20-30 horas a la semana… Y en el tema de las redes sociales no hemos visto ninguna investigación seria que diga que crea problemas ni tampoco grandes beneficios desde el punto de vista cerebral.

– Para acabar. Dénos algún consejo para preservar nuestra salud cerebral de manera cotidiana.
Intenta ir al trabajo de un modo diferente cada día. Eso te va a forzar a prestar atención, a descubrir cosas nuevas en tu ciudad… Cada día intenta ir y volver de un modo un poco diferente.

Noticias Agibilis

Article source: http://www.lavanguardia.com/ciencia/20140320/54403826946/alvaro-fernandez-corriendo-creamos-mas-neuronas-andando.html

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