mar 092014
 

Biólogos marinos que estudian el Golfo de México tienen una broma: al FBI, la DEA y la CIA no les preocupa el trabajo de científicos que vigilan cierto tráfico secreto entre Estados Unidos y Cuba.

“Como que no recibieron el memo”, expresó David Vaughan, del Laboratorio Marion Mote de Sarasota, cuyos delincuentes internacionales no son espías sino langostas… tiburones y delfines. “Ellos violan constantemente el embargo sobre los viajes”.

Sin embargo, hay un grupo de científicos al que todo esto no le causa ninguna gracia porque se están convirtiendo en el blanco de chanzas.

Igual que todos los empleados de las universidades públicas de Florida, los científicos de esas casas de estudio no pueden usar dinero del estado para viajar a Cuba, según una ley estatal aprobada en 2006.

Para los biólogos marinos, el acceso a la isla comunista localizada a 145 kilómetros (90 millas) de Florida representa la diferencia entre el éxito y el fracaso de sus investigaciones.

Y ahora se van quedando cada vez más rezagados a medida que los investigadores de otros estados y de instituciones privadas de Florida se afanan por aprovechar nuevos indicios de que las relaciones con Cuba están mejorando: una suavización de las restricciones de la Casa Blanca, un acuerdo para cooperar cuando hay derrames de petróleo y hasta una gira de un equipo de béisbol de la Universidad de Tampa.

Los científicos ya empezaron a colaborar con sus colegas cubanos en una investigación que podría revertir el deterioro de arrecifes de corales, prevenir un exceso de pesca y generar una mayor comprensión del ecosistema del golfo.

Hacen un trabajo que podría beneficiar a Florida. No pertenecen únicamente a la Universidad Estatal de Florida o a la Universidad de Florida.

“Estamos conectados”, comenta Donald Behringer, profesor asistente de la Facultad de Recursos Forestales y Conservación y del Instituto de Patógenos Emergentes de la UF.

“Lamentablemente, a nosotros en Florida trabajar en Cuba nos resulta más difícil que a los de cualquier otro estado de Estados Unidos”.

La ley del Senado 2434, llamada “Viajes a Estados Terroristas”, prohíbe que el dinero que pasa por una universidad estatal, incluidas becas de fundaciones privadas, sea usado para viajar a una nación que según Estados Unidos patrocina el terrorismo. Cuba figura en esa lista.

Florida es el único estado del país con una prohibición semejante.

“Esto pone a los centros de enseñanza de Florida en desventaja”, dijo Behringer.

Un estadounidense que trabajó en un protocolo para limpieza de derrames de petróleo en el que participaron cinco naciones del golfo, incluidas Estados Unidos y Cuba, se mostró confiado en que acuerdos de ese tipo allanen el camino para una futura colaboración en temas ambientales entre las dos naciones.

Cuando llegue ese día, dijo el experto, Dan Whittle, del Fondo de Defensa del Medio Ambiente, los protocolos se basarán en los proyectos de investigación ya en marcha.

“Hay muchos conocimientos en las universidades de Florida”, dijo Whittle, quien dirige el trabajo del fondo en los ecosistemas marinos y costeros de Cuba. “Es una lástima que tengamos las manos tan atadas”.

Vaughan, director de investigaciones tropicales del Laboratorio Marino Mote, un organismo privado, dijo que los nuevos acuerdos y protocolos serán una oportunidad para que científicos estadounidenses hagan contribuciones al medio ambiente que alguna vez parecieron imposibles por razones políticas. Vaughan se especializa en arrecifes de corales y trabaja con científicos cubanos.

Al tener cerradas las puertas para estas oportunidades, los profesores de las universidades públicas de Florida temen perder algo más que un papel en los nuevos descubrimientos. Tampoco podrán atraer a los estudiantes de biología marina más prometedores.

La Universidad de Carolina del Norte, por ejemplo, realiza un viaje anual a Cuba para estudiar sus arrecifes corales. La Universidad de Tampa tiene un departamento de biología marina y, si bien no planea visitas a Cuba, otros departamentos de esa institución privada y el equipo de béisbol sí lo han hecho.

“Obtener conocimientos siempre es importante”, dijo Frank Muller-Karger, profesor de la Facultad de Ciencias Marinas de la USF. “Sí, nosotros podemos saber lo que descubren otros en Cuba, pero los mejores estudiantes quieren desarrollar el conocimiento”.

Los propulsores de la ley de 2006 dijeron que cualquier persona que viaje a Cuba apoya económicamente a un régimen opresivo.

La senadora estatal Arthenia Joyner, una demócrata que apoyó la ley de 2006, la cual fue aprobada por unanimidad, dice ahora que los tiempos han cambiado.

“Es un mundo diferente”, manifestó. “Hay que reconocerlo”.

Sin embargo, no hay indicios de que se trate de anular la ley.

La biología marina es un campo en el que los progresos en la investigación pueden beneficiar directamente al estado de Florida mucho más que a cualquier otra región de la tierra.

“A nadie más le afecta lo que pasa en las aguas cubanas, solo a Florida”, sostuvo Muller-Karger.

Por ejemplo, las langostas que se sirven en los restaurantes de Tampa pueden provenir de huevos depositados en Cuba que llegaron a Florida traídos por las corrientes del golfo. Buena parte del pargo y el mero que abastecen a la industria pesquera de Florida se origina o pasa por aguas cubanas.

Y lo que es más importante, los arrecifes protegen las costas al reducir la energía de las olas derivada de tormentas y huracanes.

APAP – The Associated Press. Todos los derechos reservados.

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Article source: http://noticias.terra.es/mundo/cientificos-de-florida-frustrados-por-cuba,0a098f1dedf94410VgnCLD2000000ec6eb0aRCRD.html

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