mar 242014
 

La espera merece la pena, desde que se anunció en EEUU en julio de 2013, la expectación con el Chromecast de Google no ha hecho más que crecer. Una vez que se compra, ya sea a través del propio fabricante Google Play o a través de Amazon, llega en 48 horas. El precio es más que llamativo, 35 euros, por convertir un televisor con puerto HDMI en un reflejo del móvil o de la tableta.

Los primeros pasos son sencillos: conectarlo al puerto HDMI y a una fuente de alimentación (incluye ambos cables), aunque la estética se sacrifica al quedar el cable colgando por un lateral del televisor.  Con la red wifi, se conecta al televisor el móvil o la tableta, tengan sistema operativo Android o sistema iOS. También quedarán conectados los contenidos del navegador Chrome a través del ordenador. Los vídeos, películas o canciones almacenadas en Google Play se verán en la tele, pero no los archivos locales.

No es el primer ni único aparato que conecta internet y televisor (al margen de los televisores inteligentes). En Francia ya funciona SFR TV y en Reino Unido una aplicación de la BBC. En España todavía no hay ninguna aplicación nativa. Tan solo Wuaki ha abierto un programa de pruebas antes de sacar la versión final al mercado.

Una vez conectada, la llave Chromecast permite que tableta o móvil ejerzan de mando a distancia; encienden y apagan el receptor, permiten escoger qué fuente de entrada se desea: ordenador, tableta, móvil…. El mando tradicional queda relegado, eso sí, a costa de la batería del móvil.

Entre los puntos negativos se encuentra la falta de un mayor número de aplicaciones adaptadas a este formato. No está todavía, por ejemplo, Spotify. Google se ha cubierto las espaldas abriendo el código a los desarrolladores. Queda en su mano que Chromecast crezca en oferta de contenidos o se quede en un mero experimento.

Se trata de un nuevo intento por meter Android en el hogar, al menos, en el salón. La vez anterior quedó en un proyecto cancelado, el denominado Q, cuyas unidades son objeto de coleccionismo entre desarrolladores.

Chromecast se enfrenta a Apple TV y varios conectores con Android, casi siempre made in china, en un mercado que se prevé muy competitivo en los próximos años. Sin embargo, en estos momento la pugna es entre Chromecast y Apple TV, cada cual con sus ventajas y desventajas.

Apple TV: La forma es totalmente distinta, una cajita cuadrada que incluye mando a distancia. Es la puerta de entrada al videoclub de Apple. Está pensado para consumir contenidos de iTunes, donde apenas nada es gratis. La oferta es rica: canciones, películas, series, directos de conciertos. Sirve también para divertirse con videojuegos desde el iPhone o las tabletas iPad, como si fuera una consola. Algo que no dice mucho, salvo si se conectan entre dos o cuatro personas y compiten con la pantalla dividida. A diferencia de Chromecast, sí permite mostrar en pantalla las fotos, vídeos y canciones almacenadas dentro del móvil o la tableta. Pero mientras la llave de Google se entiende con aparatos Android e iOS, el de Apple es solo con sus gadgets, lo que resta posible público. Cuesta 112 euros, a los que hay que añadir otros 10 si no se tiene el cable HDMI. Se espera una actualización del modelo desde hace casi un año. Se conecta tanto por wifi como a través del cable ethernet, que garantiza una velocidad más constante.

Chromecast: Abierto a Android e iOS es sencillo y no necesita un mando adicional, sino que lo son el móvil o la tableta. El precio es su mejor aliado, 35 euros. El diseño es cuestionable. Bonito cuando se toma en la mano, pero poco estético al conectarlo al televisor. Solo se conecta a través de wifi.

Android TV: Hay multitud de diseños, la mayoría de marcas poco conocidas. Permiten ver las fotos y vídeos que tenga almacenados el usuario en tarjetas MicroSD a través de la ranura para este tipo de tarjetas. A los proveedores de contenido, así como a los creadores esta opciones los afecta, es una puerta abierta al pirateo de películas, canciones… La mayor dificultad estriba en la actualización de los aparatos y su control, es necesario conectar un ratón y teclado adicional. No apto ni para todos los salones, ni para todos los consumidores. Solo apto para aquellos que les gusta destripar aparatos y buscar utilidades diferentes. Precio: entre 50 y 100 euros, según marca y modelo. Solo se conecta por wifi.

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Article source: http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2014/03/24/actualidad/1395665415_034904.html

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