mar 232014
 

Hace 15 años, Blas Hervias, gerente y fundador de Blanc Gastronomy, estaba trabajando de auditor financiero en una empresa inmobiliaria cuando una idea comenzó a rondarle por la cabeza: dedicarse a comercializar huevas de caracol como caviar blanco.

Desde las oficinas que la compañía tiene en Puerto Real (Cádiz), el emprendedor explica que comenzó a interesarse en todo lo relacionado con los caracoles “cuando leí que hay gente que se dedica a su crianza. Entonces me enteré de las propiedades curativas de las babas y de las huevas de caracol. Firmé acuerdos con las Universidades de Córdoba y Cádiz para desarrollar una investigación sobre las propiedades de las huevas de caracol”, recuerda Hervias.

Hasta ese momento apenas existía literatura científica sobre las también llamadas perlas de afrodita o caviar blanco (más allá de unas supuestas propiedades afrodisíacas que quedarían más cerca de la leyenda que de la realidad). Cuando la investigación descubrió que el consumo de huevas de caracol ayuda a prevenir la osteoporosis (“tienen mucho calcio”, indica el emprenderor), Hervias decidió lanzarse a la comercialización de este producto. “Un 80% de mi mercado está fuera de España, principalmente en Dubái, Singapur y, sobre todo, Hong Kong”, explica. A este último destino, Blanc Gastronomy llegó gracias a una agencia de la Junta de Andalucía, que va por todo el mundo “segmentando posibles clientes para tu producto” y a una comercial catalana que distribuye productos gourmet en la excolonia británica.

Perfil y proyectos

Blas Hervias estudió Dirección y Administración de Empresas en Escocia. Hijo de catedrático de universidad, la investigación de producto resultó clave en el desarrollo de su empresa radicada en Cádiz.

Blanc Gastronomy pretende seguir con el desarrollo de productos gastronómicos basados en la innovación y en la exclusividad, además de abrirse a nuevos mercados, pues la mayor parte de sus ventas se hacen en el exterior.

Blanc Gastronomy ya lleva cinco años en el mercado. Hoy produce y vende “solo bajo pedido” 300 kilos de caviar blanco al año, principalmente para restaurantes de alta cocina. “Hemos sido muy bien aceptados por los mejores cocineros, que utilizan nuestro producto en sus platos como acompañamiento”.

Sin embargo, los primeros pasos no fueron nada fáciles. “El primer año tan solo vendimos un kilo de producto, después de habernos gastado bastante dinero en el desarrollo de la compañía. Tuvimos que enfrentarnos con dos problemas: el rechazo inicial del cliente y el desconocimiento del producto. Nadie conocía las huevas de caracol y, para resolver este contratiempo, lo que hicimos fue entrar en contacto con cocineros. Estos, además de crear recetas con nuestro caviar blanco, han promocionado el producto en sus restaurantes”, explica Hervias. Desde el comienzo de la empresa, el emprendedor tuvo claro que, para dar a conocer el caviar blanco entre sus potenciales clientes, no tenía más remedio que ofrecerles un valor añadido, darles algo que nadie más les daba. “En el caso de las huevas de caracol, el valor añadido estaba en que nadie más en el mundo las comercializaba. Nosotros fuimos los primeros y, aún hoy, tan solo hay otras dos empresas en el mundo que hacen lo mismo que nosotros. Una es chilena y la otra francesa”, agrega.

La diferenciación ha sido la apuesta de Blanc Gastronomy cada vez que ha puesto un producto en el mercado: bombones, aceite de oliva virgen extra o, “por ejemplo, ginebra destilada con salicornia… algo que, por cierto, tampoco tiene nadie. Además, siempre utilizamos en nuestros envases materiales de alta calidad como maderas nobles o cristales Swarovski. Tratamos de diferenciarnos ofreciendo algo más que la competencia a nuestros clientes”.

Blanc Gastronomy y Blas Hervias, su fundador, son un ejemplo vivo de lo que cuesta poner en pie un proyecto empresarial. En este caso no solo ha habido un desarrollo de producto, búsqueda de financiación, evangelización de consumidores (o si se prefiere, desarrollo de demanda ante una oferta que antes no existía). Incluso el propio emprendedor selecciona una a una las huevas que van en cada recipiente… desechando 700 gramos por cada kilo y empleando tres horas en llenar una lata de 50 gramos.

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Article source: http://economia.elpais.com/economia/2014/03/21/actualidad/1395405879_092886.html

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